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domingo, 14 de diciembre de 2025

CASA RÚA - VILLA APOLO

La Casa Rúa, con su historia dramática y su misterio, es uno de esos lugares que han caído en el olvido en el mundo de lo paranormal.

 

   “El nombre del suntuoso edificio, el de Villa Apolo, como lucía con letras de buen tamaño, en relieve, esculpidas, en lo más encumbrado de su modernista fachada, ornada por un paraje casi más onírico que real, de pinos, frondosas laderas y desbordante luz. Hay que decir que aparte de los dueños que le dieron nombre, este era extraño y con ningún sentido para la gente sencilla, más acostumbrada a otros con menos oes y largura, prefiriendo para mentarlas el más simple y familiar de Casa Rúa, por el apellido del rondeño constructor".

"Ronda de  Leyendas"

Antonio Garrido Domínguez


   A las afueras de Ronda, en el camino de la Virgen de la Cabeza se encuentra los restos de la Villa Apolo, siendo conocida por la mayoría de los rondeños como "Casa Rúa".

   A principios del siglo XX, el Maestro de obras Rúa comenzó las obras de esta casa de veraneo. En un principio no iba a contar con la pista de tenis y la piscina que finalmente se hizo y que terminaron siendo los símbolos de aquella hermosa construcción, cuando en aquella época era todo un lujo tener una casa de esas características, además fue la primera casa de campo de Ronda en tener electricidad. 

   Con un diseño acertado, con una entrada señorial y con una distribución que contaba con todas las comodidades, teniendo en cuenta en la época en la que se construyó. El proyecto de construcción albergaba otras dos casas que no se llegó a construir. En el año 1914 se terminaron las obras.


   El fotógrafo Miguel Martín plasmo con su cámara de fotos la casa en su máximo esplendor.


   En los años 50 la casa cambió de propietario. Fue Don José Hens de origen austriaco y afamado médico procedente de Córdoba y su esposa Doña Apolonia Tienda, y de hay pasó a llamarse "Villa Apolo". Ellos fueron lo que posteriormente construyeron la pista de tenis y la piscina.
   Según cuentan algunas personas que los conocieron decían que tenían varios hijos con grandes dotes para cantar y tocar instrumentos musicales. De hecho en la casa llegaron a tener dos pianos, imagen que se quedaba grabados en la mente de los rondeños que por allí pasaron.
Desde un principio la casa contaba con un sistema bastante rudimentario para abastecerse de agua, a pesar de tener esa imagen de mansión. El pozo del que se extraía el agua se encontraba en la torre que hay próxima a la vivienda junto a la cornisa. Mediante el desnivel el agua llegaba a un pozo, que estaba protegido con una reja para que nadie pudiera caer a su interior. Mediante una bomba eléctrica el agua era conducida a un gran deposito que estaba en la azotea para que se almacenara y posteriormente se distribuyera por toda la vivienda. Sobre la mencionada piscina la recuerdan que era bastante moderna moderna para la época, y las pista de tenis de cemento.
   El abastecimiento de la electricidad desde el Barrio de San Francisco. Comenzaba de un poste de madera que se encontraba al comienzo del camino de Los Molinos que desciende hasta la central eléctrica. Dicho tendido eléctrico iba desde el Barrio de San Francisco hasta la Villa Apolo mediante varios postes.
Según cuenta, se celebraban bodas, comuniones y fiestas de sociedad. Contaba con una capilla en la parte baja de la casa que se entraba por el jardín. En verano de cada año venía un sacerdote francés y oficiaba la misa en latín. En dicha planta baja también se encontraba las estancias del personal de servicio, dichas estancias no se comunicaba con la vivienda principal.
   La entrada principal, que se accede por una escalera, se llega una estancia con una hermosa cristalera.
   Su último propietario, Don José María Sánchez Robles y Tarín, hizo unos cambios en la década de los 80. Siendo su proyecto un hotel de lujo con una zona residencial, que es cuando dio comienzo los litigios con el Ayuntamiento de Ronda y/o la Junta de Andalucía.


Un hecho trágico

   Un lugar marcado por la tragedia. Cuando allí residía la familia Rúa, tenían contratadas a unas niñeras para el cuidado de sus hijos. Los días pasaban con normalidad hasta que un día una de las hijas desapareció sin dejar rastro alguno, la búsqueda fue exhaustiva, dieron la voz de alarma y la autoridades pusieron todo sus efectivos para la búsqueda de la niña.

   Este suceso inesperado fue solo el comienzo de una serie de sucesos que atormentarían la vida de la familia Rúa y a la vivienda, hechos que marcarían para siempre a la familia y la vivienda.

   Sillas que se movían, puertas que se abrían y voces que nadie sabían de dónde provenían.


Una noche de horror

   Era una noche de invierno más oscura de lo normal, el cielo estaba cubierto de densas nubes que amenazaban tormenta, cuando una de las niñeras también desapareció sin dejar rastro. Alarmados por la ausencia de la niñera que momentos antes estaba al cargo del cuidado de los niños. Buscaron en la piscina, y en los alrededores de la casa sin resultados, y no fue hasta cuando llegaron a la torre que ubicada cerca de la casa que fue construida por los franceses para controlar el paso por el Puente Nuevo cuando las tropas de Napoleón invadieron Ronda, y que en ese momento servia de torre de electricidad. Cuando llegaron en busca de respuesta, se encontraron con lo peor: un barreño de gran tamaño y en su interior el cuerpo sin vida, descuartizada de forma muy violenta de su hija desaparecida y sumergida en su propia sangre. El rostro de la niña reflejaba una expresión de verdadero terror, así lo demostraba sus ojos.

   Era tal el escenario tan atroz con el que se encontraron los padres, que el padre, paralizado por el pavor de tan déspota imagen que un pudo evitar de que su mujer cayera brutalmente al suelo por el desmayo sufrido.


Un espíritu sañudo

   Desde aquel fatídico incidente, el enclave se ha considerado como un lugar maldito. Según cuenta la leyenda, el espíritu de la niña asesinada tan vil, sigue merodeando por la torre.


   La torre era frecuentada por personas que practicaban escalada y solían ir para probar el material nuevo y para perfeccionar sus habilidades, hasta que un día uno de ellos cayó desde la parte superior de la torre cuando ya estaba listo para practicar un descenso y tuvo múltiples fracturas de huesos.

   Los más atrevidos que han entrado en la propiedad en las noches más oscuras y de tormentosas para descubrir la verdad que hay detrás de estos fenómenos y aseguran haber escuchado llantos y lamentos.


Investigación en la vivienda

   Un grupo de investigación fueron al lugar para descubrir la verdad que hay detrás de estos sucesos, equipados con cámaras, grabadoras de audio y otros dispositivos especializados para este tipo de investigaciones.

   Las cámaras captaron unas imágenes borrosas y unas figuras inquietantes en las habitaciones deterioradas. Los detectores de EMF (campo electromagnético) registraron alteraciones inexplicables, indicando la posible presencia de entidades sobrenaturales.

   Fueron testigos de haber escuchado susurros y risas infantiles provenientes de lo que fueron las habitaciones, así como golpes y suspiros.

   La Casa Rúa, con su historia dramática y su misterio, es uno de esos lugares que han caído en el olvido en el mundo de lo paranormal. Aunque se ha llevado a cabo en el lugar marcado por la tragedia y ha proporcionado evidencias intrigantes y testimonios estremecedores, el origen de estos fenómenos que se producen en la Casa Rúa sigue siendo un misterio sin resolver.



   Pero la historia no acaba hay. Cuando fue adquirida por el ingeniero cordobés, su mujer tuvo la tuberculosis, enfermedad letal en aquella época, de la que no se encontraba remedio ni forma de combatirla, consumía a la persona que lo era todo para él. Al contrario que la mayoría de las familias que vivían en Ronda y en la serranía, él no carecía de nada, reformo la vivienda para procurar darle mejor calidad de vida a su esposa, pero el destino tenía otros planes. Su esposa falleció y el no podía permanecer ni un día más en aquel lugar sin su amada esposa. Se marcho de la vivienda con lo puesto, dejando en el interior de la vivienda todo lo material. Sus hijos heredaron la villa pero no quisieron saber de ella por evitar recordar los últimos días de vida de su madre, que fueron la etapa más difícil de sus vidas, y por lo lejos que le pillaban. Allí quedó el mobiliario que sufrió de espolio y la construcción empezó a ser consumida poco a poco por el tiempo.




"Entonces, en la posguerra, no estaban los tiempos para otra cosa que no fueran los de ganarse a duras penas la vida, si es que podía, y no para indagar en la de dioses mitológicos, romanos o griegos, por muy nombrados que fueran, como era el todopoderoso Apolo. No otras razones, tácitamente, esgrimieron los que más a la vista la tenían a cada jornada, de paso para sus campos de labor, esparcidos a lo largo y ancho de todo el trayecto que moría en la rocosa ermita de la Virgen de la Cabeza: los campesinos, que a pie o en burros, que diariamente se la topaban, esplendorosa, en su camino.

Pero en honor a la verdad es necesario decir que que el nombre dado a la soberbia edificación (que lo era tanto por sus vastas, bien dispuestas e iluminadas dependencias como por el suelo en el que se ubicaba, entre prietos olivares, espigados y umbrosos campos de almendros y de encinas, torres medievales en airoso estado de conservación y visibles huellas del domino musulmán, de cara a fantásticos belvederes de pintorescas vistas, al borde del mismo hondón del Tajo, dominando el paisaje y el valle), muy tangencialmente tenía relación con el olímpico dios, y sí con el propio de la dueña, que Apolonia se llamaba, que fuera el que, de un modo u otro, se le dio a la vivienda, por deseo expreso de su esposo, pues pretendía que en ella resplandeciera con similar intensidad tanto reflejo de su amor como la esperanza nunca perdida de cura de una enfermedad que con labor de zapa, sin parar un momento, a todo correr, mataba a su mujer”. 

"Ronda de Leyendas"

Antonio Garrido Domínguez




   La torre que se encuentra junto a la cornisa fue construida por los franceses cuando ocuparon Ronda en la Guerra de Independencia. Su función es de torre vigía, principalmente controlar desde la distancia el paso por el Puente Nuevo. Por tanto tiene un valor histórico. Finalmente se utilizo como torreta de electricidad.







   Toda leyenda tiene un comienzo en un hecho real, pero con el tiempo se suele distorsionar y, lamentablemente los hay que añaden residuos a la historia.

   Hoy en día, y desde hace ya bastante décadas que se encuentra en un estado ruinoso y de hace pocos años han puesto una verja en la entrada para evitar la entrada de vehículos.









domingo, 30 de abril de 2023

FRANCIS CARTER

El mejor momento para plantar un árbol fue hace veinte años. El segundo mejor momento es ahora.

(Proverbio)



 Siguiendo la descripción de viaje clásico, uno de los primeros viajeros interesados por las tierras malagueñas es Francis Carter (1741-1783), pionero de las descripciones viajeras por nuestras tierras. Anticuario inglés, además de coleccionista de monedas y libros, expone en el comienzo del prólogo de su Viaje de Gibraltar a Málaga: Yo he conocido España desde mi infancia, y, desde 1753 a 1773, toda mi vida -excepto cinco años en Francia- ha transcurrido en Andalucía y reino de  Granada. Las estancias de Carter se pueden concretar en un periodo hacia 1755 en Vélez-Málaga, otro en Sevilla hacia 1764-1765 y su marcha a Gibraltar en 1771, habiendo pasado por Granada en una fecha indeterminada y en septiembre de 1772, se traslada finalmente desde Gibraltar a Málaga con toda su familia, con la intención de pasar el invierno y posteriormente embarcar a Gran Bretaña. Como resultado de este viaje, en 1777 publica A Journey from Gibraltar to Málaga, del que se extrae algunas observaciones del medio físico y natural que nos ofrece.

 Acerca del mapa que incluye en su libro, escribe u prólogo que dice:

He grabado un mapa de la región que describo, que dibujé yo mismo sobre un plano totalmente nuevo y sensible a su utilidad, ventajas...

Referente a su estancia en Gibraltar, en los capítulos finales de si libro I, comente: 

Cuando uno mire esta peña árida, no se imagina que puedan existir allí seres vivos; a pesar de todo, está habitada por numerosas especies de animales.

Hace referencia a monos, reptiles y en cuanto a aves, cita a los grajos. También Las águilas, sin concretar la especie; sobre los buitres hace la siguiente interesante observación:

(...) vienen de África cada primavera y pasan sin detenerse por encima de la roca; vuelven en otoño; hacen sus migraciones anuales en bandadas y, al volar, se distinguen fácilmente de las cigüeñas (que también son aves de paso) por llevar sus patas bajo la cola, mientras que las cigüeñas las llevan colgando. Hay un buitre en la guarnición,, que supongo se quedo por cansancio en el Peñón;  es grande y de un plumaje precioso (...).

Interesante observación y seguramente de las primeras que se hacen sobre los movimientos migratorios en el Estrecho de Gibraltar, actividad que se constata en el sur de España desde 1959 sobre las cigüeñas y desde 1972 de forma organizada y dirigida a numerosas especies por el profesor Francisco Bernis Madrazo (1916-2003). En la actualidad sigue implicando a un importante contingente de ornitólogos durante las épocas de migraciones primaverales y otoñales.

En el capítulo primero del libro II refiere:

Permanecimos en Gibraltar desde finales de junio de 1771 hasta el 23 de septiembre de 1772, día en que emprendimos viaje a Málaga, donde pensábamos pasar el invierno antes de volver a Inglaterra. Después de cruzar la frontera española, viajamos cinco horas por la costa Mediterráneo, sobre terrenos áridos durante tres leguas; entonces nos encontramos con un río ancho y profundo, que no es vadeable en invierno... Desde la estancia de los moros en España este río se viene llamando el Guadiaro, el Barbesolae Fluvius de Ptolomeo.

Más adelante afirma: A una seis horas de viaje del Guadiaro; entre Gibraltar y Estepona cruzamos doce arroyos.

Sigue detallando el recorrido:

La costa de Gibraltar hasta Estepona, incluso dos leguas más allá, es extremadamente árida, pues la sierra corre paralela a una legua de la orilla: esta carretera no se puede utilizar en invierno por la cantidad de ríos y arroyos que hay que cruzar, los cuales cogen con tanta fuerza después de las lluvias que arrastran al mar hasta las mulas y caballos cargados...

La Serranía de Ronda en su conjunto le merece un especial interés, advirtiendo lo dificultoso del camino que da acceso a la ciudad de Ronda desde la costa, a una legua al este de Estepona, recorriendo escarpadas montañas. Sobre la posición de Ronda realiza un expresivo comentario:

(...) se levanta sobre una meseta de roca viva, separada de las sierras que la circundan por un profundo y perpendicular foso natural, en cuyos elevados bordes los árboles más altos parecen allá abajo, pequeños arbustos; en sus paredes abundan cuevas, refugios inaccesibles del buitre rapaz, del águila carnicera, del veloz halcón y del funesto cuervo...

Se puede considerar como la primera cita ornitológica sobre un espacio concreto de Málaga. En una nota a pie de página indica además: Las aves que pueblan los paredones del Tajo de Ronda son: buitres, águilas azores, quebrantahuesos, milanos, cuervos, palomas torcaces, zuritas, etc. Hoy día el censo de aves que pueblan el Tajo de Ronda data de 1921, por el Duque de Medinaceli, en su libro Aves de rapiña y su caza.  En el mismo capítulo se refiere a la red fluvial rondeña:

Debajo de uno de estos puentes nace un riachuelo que unido a dos arroyos más (el de los Navares y el de las Culebras), rodea el Tajo con el nombre árabe de Guadalevín, o río profundo; deja a Ronda y recibe aguas del afluente Sijuela y Guadalcobacín y de dos arroyos más; con este incremento y después de cambiar su nombre por el de Camelagir a una legua de distancia al atravesar las montañas de Montejaque, se despeña en formidable catarata dentro de la célebre Cueva del Gato; el río sigue su rumbo a través de esta cueva hacia las vegas de Gaucín y Jimena, y, juntándose en el Genal, entra al mar por el Guadiaro.

Hay que puntualizar que el río Camelagir que cita Carter conocido hoy como Gaduares o Cmpobuche, es el que realiza un recorrido subterráneo que va desde el Hundidero a la Cueva del Gato salvando un desnivel de 180 metros y atravesando la mayor cueva conocida en Andalucía de 4 km de galería principal y unos 5 km de recorrido.

En el capítulo IV del mismo libro II dedica el contenido a la Historia Natural de la Serranía de Ronda, de la que entresacamos la delimitaciones de la zona natural:

Los límites del norte de la Serranía de Ronda lindan con Ubrique, Jerez de la Frontera y Zahara, incluyendo las fértiles tierras de labor de Acinipo. Al noreste domina la Hoya de Málaga; allí despunta Sierra Blanquilla, eternamente cubierta de nieve.

Los informadores de Carter son de imaginación desbordante, ya que la Sierra de las Nieves, en sus cotas superiores, salvo en contadas ocasiones se encuentra cubierta de blanco desde el mes de diciembre hasta principio de mayo de forma intermitente. Prosigue su descripción de los límites de la Serranía de Ronda adentrándose en la Sierra de Libar:

Al noroeste destaca la Sierra del Pinal, llamada Jamares por los moros, cuyos pinos proporcionan madera a Ronda y a los pueblos vecinos, constituyendo un refugio para la cabra montés, el jabalí y el lobo... las montañas del sureste alcanzan el Mediterráneo por Marbella y Estepona con los nombres de Arboto y Sierra Bermeja, que además de sus altas cimbres coronadas generalmente por bosques de castaños, dan pasos a numerosos rebaños de ganado.

A continuación detalla acerca de las poblaciones y enclaves al sur de la Serranía a la que llaman el Haraval de Ronda y, en su extremo se localizan Gaucín y Casares. Mencionan los pueblos de Jimena y La Sauceda y, al oeste, la Sierra de Villaluenga, configurando un paraje extraordinario de verdor y agua. 

Entre las flores cita: Lirios, violetas, claveles, arrayanes, rosas, madreselvas y mil variedades más de flores que adornan todos los rincones de estas sierras en extravagante profusión, alimentando gran número de abejas, cuyas colmenas (...)

Sigue citando que la Serranía de Ronda es también un excelente jardín botánico de hierbas medicinales, haciendo una amplia referencia de ellas.

En la relación con la caza y animales silvestres, merece destacarse la incursión que realiza sobre la zoología serrana:

Sus montes están poblados por perdices rojas y codornices, corzos y ciervos, conejos, liebres y cabras monteses, cuyas crías constituyen la presa normal de las temibles águilas;  al abrigo de sus bosques corren el lobo, el zorro, el jabalí, el mapache, la jineta, el erizo, la comadreja, la ardilla, el camaleón y el gato montés (llamado en español "de clavo" por las manchas de su piel), algo menor que el tigre en fuerza, tamaño y ferocidad; además de los anteriores, en tiempos pasados había osos, el último de los cuales fue cazado en el Bosque de los Césares en 1571.

En una referencia anterior dice que el Bosque de los Césares, otros vulgarmente lo llaman Prados de los Potros. Sobre los lobos de la Serranía comenta: (...) se distinguen por su fuerza; en invierno, cuando está el suelo cubierto de nieve, llegan en manadas a las tierras altas y atacan a los viajeros; solo las armas de fuego les asustan...

Sin duda su gran aportación a la zoología de la Serranía de Ronda tiene estudios de gran interés, pero también hay elementos que no se ajustan a la realidad. Es difícil de localizar a un mapache, observación atribuible a la nutria, al igual, que seria difícilmente asimilable como vertebrado característico de Ronda el camaleón. Por otro lado el gato de clavo es, para la mayor parte de los autores, es el gato cerval o lince, que, según recientes investigaciones, estuvo presente hasta la primera treintena del siglo XX. Y, finalmente, atribuir un comportamiento especialmente feroz a los lobos que, a duras penas, sobrevivían en aquella época en la Serranía; sin duda alguna que es una inexactitud derivada en aceptar como verídicas las historias que sobre tan mítico y perseguido animal se fraguaron en todos los tiempos y que no consta en los estudios etológicos y zoológicos recientes sobre este depredador.

Referente a los bosques, que los califica de feraces, dice: (...) en sus suelos crecen patatas, batatas, trufas, champiñones, espárragos y alcachofas de varios tipos; castañas, bellotas, algarrobas, níspolas, madroños, piñas, higos, almendras, peras silvestres, ciruelas, uvas, manzanas (...).

En el libro III incluye un mapa de elaboración propia de 1771, lo que comprende la Serranía de Ronda, Hoya de Málaga, Vega de Antequera y la costa desde Gibraltar a Málaga. El comienzo del capítulo I sobre Río Verde diciendo: Las nieves perennes de sierra Blanquilla originan y alimentan los tres ríos caudalosos; uno el Río Verde (...), desemboca en el mar tres millas al oeste de Marbella.

Continua describiendo sus impresiones con datos históricos sobre Istán, Ojén, Monda, Ardales, Coín, Tolox, Alhaurín, Churriana: A partir de aquí y antes de llegar al mar, las montañas pasan a llamarse Sierra de Mijas.

En el capítulo III, la descripción comprende desde Cártama a la Sierra de Álora y comenta que debajo de Álora se halla Casapalma; al este, El Burgo, Pizarra, Yunquera y varios pueblos pequeños, todos a los pies de la Sierra de Abdalajís. A partir de aquí estas alturas constituyen la Sierra de Antequera, que se unen a los Montes de Málaga.

Más adelante hace referencia al río Guadalhorce:

El río de Málaga es ancho y no vadeable; en sus orillas anidan bandadas de preciosos avelucos, cuyo brillante plumaje de colores amarillos, azul y verde no se puede comparar con ningún otro en toda Europa; estos pájaros son del tamaño de un tardo grande y se encuentran solamente en esta provincia.

Una vez más Carter echa a volar su imaginación, pues el bello y migrador Abejaruco (Merops apiaster) no son exclusivos de Málaga; en Europa es una especie Mediterránea, pero no cabe duda de que su cita tiene el valor de referir un lugar concreto de observación, aunque por entonces los abejarucos eran y son  nidificantes en casi toda España, a excepción de Cantabria, Galicia y Pirineos.

Francis Carter fue uno de los pocos viajeros ingleses que conocía y dominaba el idioma español, así como su historia, economía y política del reino. Su relato contiene interesantes temas alusivos al medio natural por vez primera, aunque son complementarios al objeto del viaje de Gibraltar a Málaga que inicia en 1772, constituyen, desde dicha perspectiva, el punto de partida para la búsqueda de datos relativos a la naturaleza malagueña. En 1777 ve la luz A Journey from Gibraltar to Málaga, cuya primera edición en castellano es de 1980 y la segunda en 1985.


Bibliografía:

-"La Naturaleza y el Paisaje de Málaga a través de viajeros, naturalistas y científicos". Moreno Borrell, Satunirno Editorial La Serranía S. L., 2019. Alcalá del Valle, Cádiz.


-"Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda. El Camino Inglés". Garrido Dominguez, Antonio. Editorial La Serranía. Ronda, Málaga.


-"Los Bosques de la Serranía de Ronda. Una perspectiva espacio-temporal". Gómez Zotano, José y Olmedo Cobo, José Antonio. Editorial La Serranía S. L., 2021. Alcalá del Valle, Cádiz.









domingo, 25 de septiembre de 2022

SAMUEL IRENAEUS PRIME - VIAJEROS AMERICANOS EN LA ANDALUCÍA DEL XIX

Nos hallábamos ahora en las llanuras, frente a glaciales colinas colinas andaluzas. En la suave luz del sol de este cálido día de invierno, las colinas parecían dormidas y como disfrutando de su inamovible reposo. Toda la naturaleza, incluso ahora, invitaba al descanso.



Fecha del viaje: 1873.

The Alhambra and the Kremlin. Nueva York, 1882.

(La Alhambra y el Kremlin)

   Nació en Ballston, Nueva York, el 4 de noviembre de 1812, hijo de Benjamín Youngs Prime. Se graduó en la universidad privada Williams College en 1829 y tres años más tarde ingresó en el Seminario Teológico de Princeton, obteniendo la licencia para predicar en 1833 y en 1835 fue nombrado pastor de la Iglesia Presbiteriana en Ballston Spa, Nueva York.

 Al igual que su padre, se hizo clérigo presbiteriano. Editor del periódico The New York Observer durante cuarenta y cinco años. Hombre de letras, en la que los primeros compases de la década de los setenta, recorrió Europa en la que incluyo  a España entre los países a visitar.

   Cierta obsesión tienen los americanos con Granada, así lo refleja en la introducción y páginas iniciales de su relato. Época en la que el ferrocarril comienza a cubrir los primeros tramos del suelo hispano. En su recorrido de Madrid con destino a Andalucía, sigue una de las rutas tradicionales, alternando la diligencia con el tren. Siendo en este entra en la provincia de Jaén, que lo reciben con la reparación de un puente: "A todos los pasajeros nos pidieron que nos bajaremos. En fila de a uno atravesamos el puente y allí esperamos el tren. Llego enseguida, libre de su carga, lento y seguro".

   Pero en lo que Prime, drásticamente, se aparta de sus compatriotas es en el concepto que se merece Andalucía, incluyendo la primera comida que aquí toma:

Nos encontramos ahora en Andalucía, en una de las peores regiones de España. Verdad que es Andalucía, y que el sonido de su nombre es melodioso y sugiere belleza y pastorales delicias, pero la provincia de Jaén, de cuya capital nos encontramos cerca de una población de trecientos sesenta mil habitantes, más de trecientos mil son analfabetos. Como la ignorancia y el crimen se dan de la mano, anualmente se contabilizan entre trescientos cincuenta y cuatrocientos asesinatos, y casi los mismos robos. Es un panorama tan sombrío como cierto, al igual que, en cientos de ciudades, el alcalde no sabe leer ni escribir.

   En Mengíbar nos paramos a almorzar, desayunar, cenar o comoquiera que se le llame. Era difícil recordar dónde o cuándo habíamos tenido la última comida y cual fue la clase. Todavía era más complicado era adivinar el nombre del plato que teníamos delante de nuestros ojos. La fuente "había sido" pollo, pero en un momento avanzado estado post mortem, se le había sometido a un baño de salmuera y ahora nos lo ofrecen para consumir. Un tímido bocado fue suficiente. Volvió a su salmuera en espera de un viajero más atrevido o con un mayor apetito. Luego nos sirvieron un estofado. Sugerí que era liebre. Mi compañero pensó que era carne de gato. Le di el beneficio de la duda y lo dejé. El precio de la comida, que en vano habíamos tratado comenzar, era el mismo que el de mucho hoteles reconocidos de París: cuatro francos.

Nos hallábamos ahora en las llanuras, frente a glaciales colinas colinas andaluzas. En la suave luz del sol de este cálido día de invierno, las colinas parecían dormidas y como disfrutando de su inamovible reposo. Toda la naturaleza, incluso ahora, invitaba al descanso. Empezamos a sentir la languidez del clima. Los únicos árboles eran olivos. Ningún pájaro contaba para que no creyéramos que era verano. Paramos con frecuencia en pequeñas estaciones, con objeto de dejar y recoger el correo. Las cartas y los periódicos estaban atados, en paquetes, con una cuerda y los entregaban a los empleados del tren a un muchacho o a una mujer que los recibía en la mano. La correspondencia del lugar se le entregaba, al empleado, de la misma manera. Ni bolsas, ni cajas, ni cerrojos, ni llaves, ni siquiera una leve envoltura para proteger las cartas. Es la forma de hacer las cosas en este país.


Falleció el 18 de julio de 1885 a los 72 años en Mánchester, Vermont


Bibliografía:


- "Viajeros Americanos en la Andalucía del XIX". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2007.


- "Viajeros del XIX Cabalgan por la Serranía de Ronda, El camino inglés". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2006.


- Otras fuentes en internet.

sábado, 20 de agosto de 2022

CHARLES WAINRIGHT MARCH, VIAJEROS AMERICANOS EN LA ANDALUCÍA DEL SIGLO XIX

 No existe más que una Ronda en el mundo  y los españoles tendrían que haberla considerado la octava maraviglia en vez de al Escorial. Habría que tener en cuenta, no obstante, que esta última obra es el producto de la constancia del hombre, mientras que, en el otro caso, el panorama de Ronda lo es de la naturaleza.

Charles Wainright March





Fecha del viaje: 1852

Periodista y ensayista neoyorquino. Tiene gala, y lo hace constar en las primeras líneas de su obra, siendo uno de los primeros viajeros que limitan su recorrido solo por Andalucía, por estimarla de más interés que el resto. En los prolegómenos de su libro, se propone dejar claro que a la hora de escribir sobre nuestro país, tres compatriotas, el Trunvirato americano, que hace un tiempo que entraron ya a saco repartiéndosela: Irving, apropiándose de la España romance; Prescot, de la histórica y Ticknor, de la literaria. 

   Por parte del americano quiere, como uno más, adentrarse en el ambiente festivo que le rodea y para ello cuenta, en primer lugar, con su transformación exterior, a la que ve así:

Estaba en Ronda vestido de majo, quería actuar como si lo fuera. Era cierto que el color de mi cabello ni mi figura eran propiamente andaluces, ni mi deje recordaba siquiera al de la lengua castellana; pero mi deficiencias en estos aspectos la suplía dedicando mi atención al papel que había asumido: asistir a los espectáculos, familiarizarme con los fandangos y mostrarme amable con las muchachas. Eso fue, poniendo todo mi empeño, lo que hice.

   Entre los espectáculos que él presencia no podía faltar la corrida de toros, ya que lo defiende como un aficionado más de la tierra:

La corrida se iba a celebrar después del mediodía; antes fui con José a visitar la plaza en la que iba a tener lugar. Se alza en la Alameda, que se adorna con rosas y otras hermosas plantas y da a un barranco de inmensa profundidad. El parque incluye un panorama de montañas que es la vista más impresionante de Ronda y, puede, que del mundo. No existe más que una Ronda en el mundo  y los españoles tendrían que haberla considerado la octava maraviglia en vez de al Escorial. Habría que tener en cuenta, no obstante, que esta última obra es el producto de la constancia del hombre, mientras que, en el otro caso, el panorama de Ronda lo es de la naturaleza. A una persona que le apasione lo pintoresco, no debería hacer nada mejor que utilizar todos los medios a su alcance para visitar esta población.

   Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en que en las funciones de toros intervenía lo más granado de la nobleza castellana. Hoy las cosas son diferentes y los modernos toreros actúan no por fama, sino por dinero. Arriesgan su vida por unas cuantas pesetas que, casi siempre, gastan en vicios.

   Tomé asiento en esta ocasión con José entre la canalla, en el lugar más cercano al toril, del que sólo nos separaba un pasillo de unos cuantos pies de ancho. La barrera, sin embargo, era lo suficiente alta y consistente como para que pudiera superarse fácilmente. Los toros, esta vez, eran de excelente casta y alimentados con los mejores pastos; tal vez Cuchares tendría que desplegar toda su sabiduría si pretendía salir con bien del enfrentamiento. En cualquier caso, no me propongo aquí detallar las fases del espectáculo, ya que la descripción que dejé del de Sevilla, con el mismo protagonista, además, responde por todos. Sólo diré que mataron sesenta caballos y doce toros en la función y en que la gira de verano que emprendió Cuchares, la corrida de Ronda se consideró como un hito en su carrera. Los toros fueron bravos y lucharon fieramente. El mismo Cuchares pareció actuar con amore y no simplemente por dinero. Se decía de él que mientras lo de su profesión despilfarraban alegremente las ganancias, él era muy ahorrativo.

   Una vez finalizada la corrida, aprovecha Charles Wainright la proximidad de la Alameda para dar un paseo. La encuentra llena de vida con toda clases de gentío que ostentan las más diversas prendas: "sucios judíos, moros de amplios pantalones, pintorescos contrabandistas, catalanes de rojos gorros, vistosos majos, fanfarrones toreros, oficiales  de Gibraltar y europeos de casi todos los países" y por supuesto muchachas de la vecindad, pues es creencia del americano que Ronda tiene un acceso demasiado difícil para justificar la presencia de mujeres de otras regiones. Dilata su paseo fuera de los límites de la ciudad y la atmósfera irreal que descubre, iluminada por la luz de la luna, le fascina:

Precipicios inminentes se levantaron sobre mí, dentados y amenazadores. Las rocas se apilaban unas sobre otras, confusamente, como si los mitológicos titanes hubieran intentado escalar los cielos por aquí. Entre la ciudad y mi persona aparecía el tremendo abismo, cuyos temores se hacían más profundos bajo los tímidos rayos de luna. El aliento de la montaña, alimentando durante el día con las incontables flores silvestres, cargaban el aire con su perfume. Feliz, pensaba yo, el hombre que puede contemplar tales escenas, que puede oír tales sonidos del agua, que puede inhalar tales dulzuras.

   Antes de marcharse de Ronda, el americano presencia otras funciones menos crueles que la de los toros, aunque con numerosos partidarios, en las que el protagonista es otro animal:

   Durante mi estancia en Ronda, asistí a una función de puercos, que es así como lo llaman. Y es que ¿por qué no van a tener los cerdos una función como los toros? En otras palabras: una lotería de puercos. El precio de los billetes era muy bajo, unos cuantos peniques solamente. Y el único miedo que tenía al participar era que me sonriera el éxito, ya que ¿qué iba a hacer yo con un cerdo si es que me tocaba?. Afortunadamente no tuve suerte y no me tocó.

   La cría de cerdo en España es excelente, quizás superior a la de cualquier otro país. Es la carne favorita de los españoles y no sé el motivo;  al menos que lo hagan para fastidiar al judío y al musulmán, ninguno de los cuales soportan al sucio animal. El que habían elegido para esta función era negro y tan gordo como para renunciar a moverse. Cuando se vendieron todos los billetes, el director de la función sorteó los números, como si llevara a cabo el más solemne de los deberes. El interés de los espectadores parecía tan grande como si el destino del reino, más que el del cerdo, dependieran del resultado. El favorecido por la fortuna fue un carnicero de profesión que marchó muy ufano con el premio aunque acompañado por los silbidos y comentarios soeces de sus desilusionados rivales. En esta ocasiones la sal andaluza suele surgir a raudales. En Ronda, donde los majos se encuentran en su ambiente, nunca faltan funciones. En la del cerdo, en concreto, hay motivos de sobra para las bromas.

   Pero las alegrías del alma humana son transitorias. Mis tres días en Ronda, la máxima estancia que me podía permitir, expiraron. Contemplando su insondable abismo y su línea de murallas, volví la cabeza con tanta pena, casi, como los moros expulsados por Fernando el Católico, camino de su destierro.


Bibliografía:


- "Viajeros Americanos en la Andalucía del XIX". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2007.


- "Viajeros del XIX Cabalgan por la Serranía de Ronda, El camino inglés". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2006.


- Otras fuentes en internet.

domingo, 17 de julio de 2022

CHARLES DUDLEY WARNER - VIAJEROS AMERICANOS EN LA ANDALUCÍA DEL SIGLO XIX

 Ninguna parte de la ciudad, pese a su antigüedad la conserva ahora. Es totalmente moderna y falta de interés. El lugar sólo merece una visita por su historia y su pintoresca situación. Nada más existen dos objetos dignos de atención:  uno es la hermosa alameda y sus jardines de rosales, en la zona más nueva de la población desde cuyos balcones se observa un impresionante precipicio de rocas.

Charles Dudley Warner



Fecha del viaje: 1882 

A Roundabout Journey. Boston, 1884 

(Un Viaje de Ida y Vuelta)

Nació el 12 de septiembre de 1829 en el modesto pueblo de Plainfield, ubicado en el condado de Hampshire en el estado de Massachusetts, Estados Unidos. 

   Popular novelista y ensayista americano, fue uno de los editores del Harper´s Magazine, es una revista mensual estadounidense fundada en 1850, que trata temas políticos, financieros, artísticos y literarios. Escribió una treintena de libros, varios de ellos estudiaban la vida y la obra de Washington Irving, con quien compartía afición por los viajes. El de España formó parte de uno más amplio alrededor de los países mediterráneos.

   En una de sus etapas llega a El Bosque: "una sencilla y limpia aldea de calles mal pavimentadas y blancas casas". Mientras le preparan la comida visitan la iglesia en la que contemplan su interior, con sólo algunas pinturas e imágenes de escaso valor. Para que no se llamen al engaño, les comenta el cura que la gente del pueblo es tan pobre que es imposible que la iglesia llegue nunca a parecerse a la catedral de Sevilla.

   Warner, con la idea fija de visitar Ronda, que le es familiar, sin conocerla en persona, lo es por los escritos de compatriotas suyos, en especial Irving y Mackenzie. Antes, el camino le depara otra sorpresa:

A medida que bajábamos varios cientos de pies por un peligroso sendero de piedras sueltas, en un recodo de la carretera nos dio la bienvenida una vista magnífica. Era la ciudad de Grazalema bajo nosotros. Una población de diez mil personas con casas blancas compactas, tejados rojizos, calles irregulares, dos o tres torres de iglesias y la masa de un templo mayor levantándose en un hueco de la montaña gris que sobresalía detrás. Desde la distancia en que nos hallábamos, los verdes campos a nuestros pies parecían cercanos a la ciudad, pero cuando bajamos al valle al día siguiente, comprobamos que se encuentran por encima de éste. Grazalema fue una sorpresa para nosotros y, desde luego, vale la pena pasar dos días a lomos de mulas para verla. Mi compañero que había recorrido Europa, Asia y África, estaba encantado de visitar una ciudad que no mencionaba Murray en sus guías.

   Salen de Grazalema, y desde el valle contemplan en la privilegiada situación en la que se encuentra asentada entre peñascos. El trayecto a Ronda transcurre a través de un gran bosque de robles, encinas y alcornoques. Van por la carretera principal, aún inacabada, habiendo algunos trozos de la vieja forma parte de ella, como si llevara tiempo construida y sólo se usara para ir a caballo. Se confirma el hecho de no ver ningún vehículo hasta que salen de Ronda y nada que no fuera la diligencia o grandes carro de mercancías. Ronda se le escapa de su compresión una factura excesiva y una forma extraña de calcular el importe de su estancia:

Los posaderos españoles son expertos en matemáticos en los negocios, pero se exceden cuando dirigen un hotel. Sus facturas participan de lo peor de los sistemas europeos y americanos. A la suma que cargan por día la adornan de incomprensibles extras. Particular es su forma de calcular el tiempo. Llegamos a la posada de Ronda a la una en punto de una mañana. Salimos a las nueve de la mañana del día siguiente. La cuenta nos la extendieron por un día y medio. El desayuno no iba incluido en "el día". Intentando razonar con el dueño, le dije:
- Así que usted cree que es correcta.
- Es nuestra costumbre
- Lo siento, no por mí, soy un simple viajero y pronto estaré lejos de España, si es que la factura de los hoteles me permiten irme. Pero lo siento por vosotros, porque ningún país puede progresar si su gente estima que veinticuatro horas es un día y medio.

El dueño se encogió despreciativamente de hombros, como si le importara poco el destino del país, al tiempo que extendía su mano para exigir el dinero.

   Su juicio de Ronda, puede que por hechos como los referidos, no es bueno:

   Ninguna parte de la ciudad, pese a su antigüedad la conserva ahora. Es totalmente moderna y falta de interés. El lugar sólo merece una visita por su historia y su pintoresca situación. Nada más existen dos objetos dignos de atención:  uno es la hermosa alameda y sus jardines de rosales, en la zona más nueva de la población desde cuyos balcones se observa un impresionante precipicio de rocas. Es el lugar preferido de paseo de los habitantes al atardecer y aunque cuando se acerca, el día estaba lluvioso y frío, numerosos caballeros sin ocupación, con largas capas, pretendía disfrutarlos. También lo hacían varios curas con negros sombreros de ala ancha, paseando de dos e dos y de tres en tres, como devotos cuervos. El otro sitio interesante es el Tajo, al que baja más que nada, porque se recomienda en la guía del viajes que maneja.

   Un último apunte que deja Warner de estas tierras es la descripción del trayecto en diligencia entre Ronda y Gobantes:

   La comunicación de Ronda con el mundo se lleva a cabo por medio de diligencia hasta enlazar con el ferrocarril en la estación de Gobantes, a casi treinta y cinco millas de distancia. Una crítica asamblea de holgazanes y mendigos se dan cita para ver la salida. El equipaje se asegura en lo más alto. Los pasajeros ocupan asiento. Subimos por la escalera al nuestro, situado en la cupé encima del pescante del conductor. Traen los caballos: dos, cuatro, seis, ocho animales; la mitad son mulas, vestidas de pesados arneses, y todos llevando tintineantes cascabeles. El conductor se sitúa en su asiento, agarra las dos riendas de los caballos y agita su largo látigo. El postillón, cuando el equipo está listo, salta a la silla junto al caballo principal sin hacer uso del estribo. Es un esbelto muchacho, en mangas de camisa, con un látigo corto y una corneta a su lado. El conductor de reserva, que también blande un látigo corto, se sienta al lado del cochero. Nos ponemos en marcha: los látigos restallando, las campanillas tintineando, el postillón y el cochero dando alaridos, el dando bocinazos; todo mientras volvemos las esquinas, y así vamos, a una velocidad de siete millas a la hora, sobre suaves caminos, en una alboroza mañana. De verdad que existen pocos placeres en la vida comparable a éste.

   La marcha se mantiene sin variación, grado más grado menos, a través de desmontes, largas curvas redondas, y sobre abruptas piedras en trozos recién reparados. Un trote que no se interrumpe ni un instante durante una primera etapa de doce millas. El postillón se sienta a sus anchas en la silla de montar y dirige al equipo; el cochero, ocasionalmente, usa su largo látigo; pero rara veces profiere alguna exclamación. La tarea del cochero suplente a conservar con el resto del equipo: charla incesantemente, llama a los caballos por su nombre, lanza salvajes gritos de ánimo o ensarta largos monólogos.

   La carretera es estupenda. Cada tres millas  aparece una diminuta y blanca casa, en la que viven los que cuidan la carretera con el nombre de peones camineros escrito sobre la puerta. Su color favorito es el rojo; fajas rojas y chaquetas del mismo color. Los lugares cultivados, sitos en elevados valles, son de un vívido verde.

   En la Cueva, una pequeña villa de paredes enjalbegadas sobre un valle, cambiamos de caballos; son nueve ésta vez. En la posada, al fondo del establo, todos tomamos café, tan malo como se podía esperar del lugar donde nos sirvieron. Cambiamos de caballos de nuevo en Peñarrubia y, otra vez, en Teba. A cada intervalo de cinco millas de recorrido nos encontrábamos dos gendarmes, siempre adoptando la misma actitud: uno en cada lado de la carretera, de cara a la diligencia y presentando armas. Los hombres pertenecen a la Guardia Civil que es el cuerpo más notable y más efectivo, quizás, del mundo. A las dos hicimos nuestra entrada en la insignificante estación de ferrocarril de Gobantes. Nuestro emocionante viaje había finalizado. El espabilado postillón, sombrero en mano, se aproximo buscando una propina. Solamente el cochero nos dijo adiós.



Según Francisco Garrido en su trabajo "Joaquín Peinado. Pintor de la Escuela de París" Málaga, 1998, p. 10. La dueña de la diligencia era María de la Concepción Vallejo, madre de Joaquín Peinado.

Falleció el 20 octubre de 1900 a los 71 años de edad en Hartford , capital de Conneticat, Estados Unidos. Con sepultura en el Cedar Hill Cemetery.

Bibliografía:


- "Viajeros Americanos en la Andalucía del XIX". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2007.


- "Viajeros del XIX Cabalgan por la Serranía de Ronda, El camino inglés". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2006.


- Otras fuentes en internet.

domingo, 26 de junio de 2022

HENRY WILLIS BAXLEY - VIAJEROS AMERICANOS EN LA ANDALUCÍA DEL SIGLO XIX

 Ronda es la Tívoli española. Lo que Arno; durante tanto tiempo santuario de peregrinos anglosajones, fue para la antigua Roma, lo es el Guadalevín para Ronda, ciñendo a la población con una faja de encendida esmeralda en el fondo rocoso del abismo a varios cientos de pies de profundidad; para saltar luego a la vista de todos con espumosos y fulgurantes aguas con un canto agreste y caprichosa libertad.

Henry Willis Baxley.




Fecha del viaje: 1871-1874

Spain. Art-Remains and Art-Realities. Painters, Priests and Princes. New York, 1875

(España. Restos y realidades artísticas. Pintores, curas y príncipes)

   Médico de reconocido prestigio que ayudó a fundar la Facultad de Cirugía Dental de Baltimore en 1839. Dicha facultad ha sido descrita de diferentes formas como la primera facultad de odontología del mundo.

   Nació en Baltimore, Maryland, en junio de 1803. Se educó en St. Mary´s College antes de comenzar en la escuela de medicina en la Universidad de Maryland. Universidad donde recibió su título de médico en 1824, y en 1826 empezó a trabajar como asistente médico en el Dispensario General de Baltimore, continuo trabajando hasta 1829. Fue el médico adjunto de 1830 a 1831 en la Penitenciaría de Maryland. En 1834 fue nombrado Demostrador de Anatomía en la Universidad de Maryland y remplazó a Eli Geddings como profesor de anatomía y fisiología en esta institución en 1837. En 1839 colaboró con Chapin Aaron Harris, Horace Henry Hayden y Thomas E. Bond para fundar la Facultad de Cirugía Dental de Baltimore. Al siguiente año enseñó anatomía y fisiología en dicha facultad. De 1842 a 1847 desempeñó como profesor médico en la Universidad de Washington de Baltimore y posteriormente trabajó como médico en Baltimore Almshouse desde 1849 a 1850, siendo este último año se mudó a Cincinnati, Ohio, donde se convirtió en catedrático de anatomía en el Colegio Médico de Ohio.

   Su visita a España la hace con buenos ojos y predispuesto a criticar lo menos posible. Para él, los obstáculos que se encuentra para viajar por nuestro país, con las incomodidades de los vehículos, los peligros y la dilación en las carreteras, de las asperezas de las posadas y carencias de alimentos que hay en ellas y, por lo general, el estado de incultura que nubla todo el territorio, son exageraciones en demasía por desconsiderados parlanchines y escritores atestados de prejuicios. España no es ni mucho menos un ejemplo moral y físicamente, pero a la vista de lo que se observa en otros lugares, tampoco es una nación tan alejada del progreso actual.

   En el trayecto de Granada a Málaga, la opción más favorable es tomar el ferrocarril hasta Loja, con una hora y media de trayecto y de ésta, en diligencia a la estación de tren de Bobadilla, con una hora de camino. Antes pasa por Antequera, lugar que desde hace tres o cuatro siglos, las ruinas romanas se vienen aprovechando para fines monásticos y otros parecidos. Más notas de rutas nos indica Baxley; unas, para ahorrar tiempo, y otras para descubrir insólitos enclaves:

   Los que prefieran la ruta de Granada a Málaga por Bobadilla, en vez de la de a caballo o en carruaje, a través de las históricas Alhama y Vélez-Málaga, se pierden la oportunidad de contemplar escenarios que resultaron memorables en los sangrientos enfrentamientos por la posesión de la Península. Y los que, viniendo de Gibraltar a Granada, se embarcan para llegar por mar a Málaga y, más tarde, por tren desde Bobadilla, en lugar de continuar por tierra hasta Ronda, se perderán algunos de los escenarios más pintorescos de España;  en lo que la montaraz grandeza y la combinada belleza con las tierras cultivadas y las casitas de campo forman una agrupación de inolvidable para el viajero con apariciones artísticas. Ronda es la Tívoli española. Lo que Arno; durante tanto tiempo santuario de peregrinos anglosajones, fue para la antigua Roma, lo es el Guadalevín para Ronda, ciñendo a la población con una faja de encendida esmeralda en el fondo rocoso del abismo a varios cientos de pies de profundidad; para saltar luego a la vista de todos con espumosos y fulgurantes aguas con un canto agreste y caprichosa libertad.

   De cualquier forma, la ruta del ferrocarril aparece, sin exageraciones, como la más corta, barata y cómoda. Además, ciertamente, el paisaje en el que se sumerge el convoy, después de abandonar Bobadilla, es casi tan imponente como el de Suiza, torrentes, túneles, viaductos y puentes, son obstáculos de carácter alpinos superados por la habilidad y el esfuerzo del hombre, para marcar el puerto del río Guadalhorce, un fugaz panorama de enorme recompensa para el pasajero. Un interés, que atempera enseguida el valle andaluz de huertos de naranjos, de palmeras de granados, de olivos, de viñedos y chumberas por el que se adentra la vía férrea. Así solazado por la genial belleza del tropical paisaje, si es que se tiene la suerte de efectuar el viaje a la luz del día, alcanzará Málaga bien dispuesto para enfrentarse a las grandes molestias que genera una estación de ferrocarril española.

   En los últimos años de su vida viajó por Italia y España en busca de su salud perdida. En España estuvo durante tres años, desde el otoño de 1871 hasta el otoño de 1874. Tan mermado estaba de salud, llegándole la muerte dos años después de dicha visita y uno de la publicación de la obra. Henry Willis Baxley murió en Baltimore el 13 de marzo de 1876, a la edad de 72 años. En su testamento legó 23,836.52 dólares a los fideicomisarios de la Universidad Johns Hopkins para una cátedra dotada. En 1901, Johns Hopkins usó este dinero para establecer la cátedra Baxley de Patología, la primera cátedra subvencionada en la Facultad de Medicina de Johns Hopkins. Primero estuvo en manos de William Henry Welch, el que fue uno de los "Cuatros Grandes" en el Hospital Johns Hopkins y también fue el fundador de la Escuela de Higiene y Salud Pública de Johns Hopkins, la primera escuela de salud pública del país.

Arresto en Antequera del bandido Nicolas Jordán, según Illustration. Journal Universal, 1864.


Bibliografía:

- "Viajeros Americanos en la Andalucía del XIX". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2007.

- "Viajeros del XIX Cabalgan por la Serranía de Ronda, El camino inglés". Garrido Domínguez, Antonio. Editorial "La Serranía", Ronda 2006.

- Otras fuentes en internet.





domingo, 29 de mayo de 2022

SEVERN TEACKLE WALLIS, VIAJEROS AMERICANOS EN LA ANDALUCÍA DEL SIGLO XIX

 El entretenimiento dura tres día. En el primero, la gente simplemente mira; en el segundo, pasean a caballo; en el tercero compran y venden como posesos. Los arreos y adornos de los corceles son los artículos más demandados y los hay en abundancia. En la calle se alinean sillas de montar, mantas de abigarrados colores, imaginativas bridas, alforjas y aparejos.

SEVERN TEACKLE WALLIS

Fecha del viaje: 1847. Glimpses of Spain; or Notes of an Unfinished Tour in 1847. Nueva York 1849.

Nacido el 8 de septiembre de 1816. Abogado de profesión en Baltimore y político estadounidense. Realizo su viaje por España en 1847, con la idea de que sería su única visita a nuestro país y buscando  alivio para su debilitada salud; estando su relato en la imprenta de su viaje, el secretario de Estado de Estados Unidos le ofreció su vuelta a España en misión diplomática para negociar la incorporación de Florida a los Estados Unidos de América. Esta segunda visita le proporcionaría argumento para publicar un segundo libro, centrado en nuestras instituciones y forma de gobierno.

Sever cuenta como parte de Sevilla a Ronda cuando coincide con la Real Feria de Mayo y el pésimo concepto que tiene:

Son picaros, mentirosos, vagabundos, bebedores, bailadores, camorristas, con todos los vicios que sacuden al populacho delas ciudades españolas. Son tan depravados como inteligentes, rápidos en dar respuestas, bromistas, urdidores de diabluras y engaños, gallardos jinetes y espléndidos especímenes de hombre. Están en posesión de la "sal y gracia" que han hecho tan famosos a los andaluces, sin que tenga rivales en este campo. Son la envidia de los demás hombres y el oculto deseo de las mujeres.

Llegan a la posada, al entrar contempla a un grupo de quince o veinte toreros repartido por el patio interior, todos entretenidos en diversas actividades: juegan a las cartas, duermen o cuentan historias. Los que están despiertos beben aguardiente. Su jefe es el conocido matador Juan Pastor, a lo que piensa el americano "un apropiado nombre, para tal rebaño", lo describe como alto y fuerte, y ejerce su autoridad con esmerada cortesía y amabilidad. Insisten en invitar al americano a comer con ellos a lo que él se declina, pues prefiere comer solo. Pero si se les une para ir a Ronda. De camino a Ronda hacen una parada en Zahara de la Sierra y pasan la noche en la Venta Nueva en la que deja constancia:

No era muy tarde cuando nos retiramos a descansar. La luna estaba ya sobre Zahara. La indecisa silueta del castillo y sus torres grises parecía descansar sobre la pesada niebla que se cernía sobre la población y nuestra venta. Toda la caravana de arrieros y ganaderos que iban de camino a Ronda, estaban con su ganado yaciendo en medio de él, dormimos en grupos en campo abierto, delante de la venta. No muy lejos se oía el murmullo del río, mientras que la humedad del aire traía en volandas el perfume de las madreselvas. A pesar de la luna y de la fragancia de las flores, necesitábamos dormir, así que extendimos en la pequeña habitación nuestras capas sobre unas tablas y, rodeados de toreros por todos los lados, nos dispusimos a descansar. Presidiendo la habitación había una imagen del Niño Jesús y una vela delante que ardió toda la noche. A lo largo de ésta, la dureza de las tablas me despertó varias veces permitiéndome echar una mirada a mi alrededor y contemplar a los miembros de la cuadrilla que dormían con las caras tranquilas y las armas visibles bajo los chalecos. Ni los cuchillos ni sus rostros me habían hecho ningún daño, ni tampoco lo habían pretendido, ni me impidieron ahora dormir hasta el amanecer. Con las primeras luces mis vecinos estuvieron en pie y también entonces, para mi sorpresa, descubrí que habíamos estado toda la noche entre la multitud de caballos, mulas y burros.

Llegan a Ronda, señalando algunos aspectos de la feria en general:

El entretenimiento dura tres día. En el primero, la gente simplemente mira; en el segundo, pasean a caballo; en el tercero compran y venden como posesos. Los arreos y adornos de los corceles son los artículos más demandados y los hay en abundancia. En la calle se alinean sillas de montar, mantas de abigarrados colores, imaginativas bridas, alforjas y aparejos. Unos cuantos moros han venido desde Gibraltar, con fajas de sedas, zapatillas, vistosos pañuelos y otros elementos de majo esplendor. Se les ve sentado en el interior de sus puestos, con toda la mercancía alrededor, mientras una multitud de campesinos apoyados en gruesos bastones, miran ilusionados o gastan sus ahorros con un gesto. Los talabarteros exhiben un excelente muestrario de polainas de cuero o trabajadas prodigiosamente, las negras, con hilo blanco y preparadas para usarse. El majo, vestido totalmente de fiesta, lleva sólo medias de seda y  los botines atados a la rodilla y al tobillo.
Los puestos en los que se encontraban los artículos de menos valor, se extendían desde el Puente Nuevo hasta la Plaza de Toros, llenando la calle principal y una amplia superficie del mismo Puente. Se veían verdaderos océanos de malos juguetes, porcelana, lámparas de latón y velones, la mayoría de formas etruscas y toda clase de indigestos quesos, dulces y otras golosinas. Saltimbanquis con sus violines y ciegos con sus caramillos. Grandes cosmoramas y microscopios. Y justo en lo alto de una casa de la calle principal, una bandera de lona estaba pintarrajeada anunciando una gran función que se daba dentro, al sonido de un organillo. Decían que ese año no había mucha gente, aunque no podía comprender cómo podía caber más gente en Ronda, de la que había.

El día 20 asiste a una corrida en Ronda por invitación de un compañero de viaje de origen irlandés que había alquilado un palco. Para Severn Teackle, la corridas de toros son unas fiestas bárbara y si el toro cuenta con alguna defensa, no así los desdichados caballos. Cada día se lidiaron ocho toros. Estos mataron a catorce caballos el primer día y dieciocho el segundo. Un picador fue sacado de la plaza sin sentido y al segundo día apareció como si nada. En unos de los viajes posteriores, Wallis coincide con un picador y le comenta sobre el tema, éste le responde: "¡Que mueran! ¡No valen nada!"
En la mañana del día 23 de mayo sale de viaje de Ronda con dirección a Málaga.

Murió el 11 de abril de 1894.

Bibliografía:
- "Viajeros Americanos en la Andalucía del XIX". Garrido Domínguez, Antonio
   Editorial "La Serranía", Ronda 2007
- Diversas fuentes em internet.

domingo, 24 de abril de 2022

GEORGE COGGESHALL - VIAJEROS AMERICANOS EN LA ANDALUCÍA DEL SIGLO XIX

Los contrabandista españoles son individuos arriesgados y, a menudo, provocan temor en las regiones que actúan. En algunos casos son tan numerosos y fuertes que acaban echando un pulso al gobierno.

GEORGE COGGESHALL. RETRATO INCLUIDO EN VOYAGES TO VARIOUS PARTS OF THE WORLD,1851



Fecha del viaje: 1814. Voyages to Various Parts of the World 1799-1844(Viajes a varias partes del mundo). Nueva York, 1851                                                   

George Coggeshall (1784-1850), nació en Conética. En 1800, con 16 años, formo parte de la tripulación de un barco mercante como aprendiz, siendo su primer viaje, desde Nueva York a Cádiz. Su vida transcurrió en el mar, en una época en que las guerras y rupturas diplomáticas con Inglaterra eran frecuentes, lo que condiciono su existencia, en la que se llego a ver de capitán de embarcaciones, con patente de corso, viéndose en numerosas aventuras. De sus continuos viajes, pisó tierras españolas en numerosas ocasiones.

La estancia más prolongada de Coggeshall en Andalucía fue en el año 1814, estancia que fue forzada y precedida de circunstancias que no se pueden considerar anómalas, por la situación de su país que, desde 1812, tenía la guerra declarada a Inglaterra.

Una vez en tierra en la que llega en una barca de contrabandista españoles, en las que se hacen repetidas señales intermitentes con unas linternas con otros que se encuentran en la playa y responden de las misma manera, lo que indica que el camino esta libre. La complicidad entre vigilantes y contrabandistas para que estos pasaran sin ser registrado no escapa a la vista de Coggeshall:

Los contrabandista españoles son individuos arriesgados y, a menudo, provocan temor en las regiones que actúan. En algunos casos son tan numerosos y fuertes que acaban echando un pulso al gobierno. La partida que me trajo de Algeciras, la formaban unos treintas hombres todos con cuchillos, pistolas y espadas. A pesar de tal arsenal, no me cupo duda de que a lo largo del día, se habían puesto de acuerdo con los aduaneros y centinelas que montaban guardia durante aquella noche.

Hay algo en los españoles que, desde el primer momento inspiran confianza; de tal forma, que aunque rodeado de contrabandistas, nunca temí por mi seguridad. Eran las tres de la madrugada cuando entrábamos en la humilde vivienda del jefe de los contrabandistas. La casa solo tenía una habitación de medio tamaño, con una estera colgada que servía de separación para acoger otros miembros de la familia, compuesta por el contrabandista, de nombre Antonio, su esposa y dos niños. El mayor, una  chiquilla de ocho o nueve años y el otro, un muchachito de seis. Antonio podía frisar los treinta y cinco o cuarenta años; y su bonita mujer, los veintiocho o treinta. Enseguida me prepararon una cama de paja que colocaron detrás de la estera que servía de división para los dos dormitorios. Antes de desearme buenas noches, Antonio me dijo que se levantaría temprano para distribuir los géneros de contrabando y que no volvería hasta el día siguiente, a medianoche. Su mujer y su hija me prepararían el desayuno y me comprarían cualquier cosa que yo necesitara. Después nos dijimos adiós y nos acostamos.

En una ocasión contrata a un guía:

Después de salir de la ciudad, tomamos una carretera  tolerablemente llana para, a continuación, acometer un sendero de sinuoso trazado. Yo montaba una mula, mientras mi guía, un tipo alegre, caminaba trabajosamente a pie; algunas veces, a mi lado; otras, unos metros más adelante, y en ocasiones, cuando el terreno lo permitía sentado detrás de mí en el animal. La distancia de Algeciras a Cádiz es de cuarenta millas, que no pretendíamos cubrir de una vez, sino que nuestra intención era la de pasar la noche en Medina. Pronto me di cuenta de la dificultad del camino. Toda la región se presentaba una apariencia salvaje y desolada, mostrando lo poco que había cambiado España en los últimos tiempos. No existían carreteras públicas para una población escasa que vivía en extrema pobreza; las tierras sin cultivar, sin hoteles y pensiones; infestadas de bandidos y ladrones. Incluso en la proximidad de las ciudades se necesita llevar una escolta sino quieres que te desvalijen. Una visión penosa de una pobre España que si una vez fue poderosa, ahora está dividida en fracciones, arruinada por una guerra civil y desposeída de la mayor parte de sus ricas colonias, con un gobierno extremadamente débil. Existen varias causas para este declinar, aunque las más probables son: ignorancia, pereza, superstición, mal gobierno y clericalismo.

A las dos paran una hora en una posada para alimentar en una posada para alimentar a las mulas y descansar un poco. El americano no se sorprende de haber recorrido solo diez millas desde Algeciras, que les queden otras tantas hasta Medina Sidonia. Renuncia a describir el recorrido por lo imposible que le parece la multitud de vueltas que dan, y con unas subidas y bajadas por unos senderos a los que Coggeshall cree que ni ese nombre se merecen. Dice: "¡Qué soberbio país! Dios le concedió la tierra, pero ellos no supieron administrarla".

Sobre una pensión de Algeciras en la que pernocta Coggeshall:

Pedí una habitación y me mostraron una, oscura y sombría como una prisión de diez metros cuadrados, suelo de piedra y una silla, sin camas, sin mesa. Para comer todo lo que conseguí fueron huevos duros y un poco de vino. Afortunadamente, mis amigos de Algeciras me habían proporcionado algunos alimentos y con todo tuvimos una comida aceptable. Como el cansancio había hecho mella en mí, pedí una cama y sobre el suelo de piedra me extendieron una paja, sin almohadas y mantas. Cubriéndome con una capa, me arrojé sobre la cama y pronto me dormí, no despertando hasta que el amanecer lo hizo el guía"


Bibliografía:

- "Viajeros Americanos en la Andalucía del XIX". Garrido Domínguez, Antonio. 

   Editorial La Serranía, Ronda, 2007

- "Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda". Garrido Domínguez, Antonio.

   Editorial La Serranía, Ronda, 2006