domingo, 10 de mayo de 2026

SIERRA DE ORTEGÍCAR

   "El encanto del lugar, su aislamiento, la ausencia de carreteras y de gente, la sensación de hallarnos en otra época, como si una máquina del tiempo nos hubiera trasladado, se ven amenazadas por un proyecto urbanístico sobre la colindante finca de Moronta".

Sierra de Ortegícar, cara sureste.


   Un topónimo sobre el que hay práctica unanimidad en considerarlo del grupo de los nombres considerados indicios relativos a la existencia de una comunidad monástica es el de Ortegícar u Ortexícar. Hasta tres Ortegícar se registran en la actual provincia de Málaga, sin considerar uno del que hay sospechas para integrar en esta nómina, el lugar de Ortegines de la tierra de Mijas (Libro de Repartimiento de Mijas: fols. 175 y 177): uno en la Alta Axarquía, junto a Alfarnate, otro en la proximidades de Casares y, por último, el más cercano a Bobastro (Inventario de Toponimia Andaluza, 1990: 184), curiosamente en las proximidades de un cerro Ermítica. Tales reliquias toponímicas deben de ser recuerdo de una actividad monacal, pues su etimología es bastante evidente: Hortus Sacer, Huerto Sagrado.

"Al-Andalus desde la periferia. La formación de una sociedad musulmana en tierras malagueñas (siglos VIII-X). 

Virgilio Martínez Enamorado


Hábitat ganadero del Tajo del Escribano

   En el sureste de se encuentra el Tajo del Escribano y en él se hallan los restos de innumerables habitáculos adosados en perpendicular al pie del mismo barranco. De apariencia idéntica a la de los habitáculos adosados al barranco sur de Bobastro; incluso se observan varios escalones hallados en la roca y un hueco similar a los goznes de eje de puerta. Se conservan los cimientos y arranques de los muros, hechos a base de grandes piedras unidas en seco. La cerámica aparecida en el lugar es como la medieval precalifal de Bobastro, por lo general es una cerámica vulgar, aunque también abundan cerámicas del Bronce, Íbera y sigillata romana. La medieval a veces corresponde a grandes ánforas decoradas con gravados de rayas y marcas regulares. En una de las grietas se encontró un tinaja de gran tamaño aplastado, pero casi completo, idéntico a los tinajones cuyas bocas se hallan en el Castillón del Gaitán, restos catalogados como mozárabes. También se encontró un candil de dos picos, pequeño, y dos fragmentos de molinos de mano de unos 40 centímetros de diámetro y 10 de grosor, confeccionado con roca de arenisca que no es del lugar. En ese mismo lugar, formando parte de el mismo yacimiento subsisten grandes y arcaicos corralones circulares hechos a base de grandes piedras unidas en seco*. El terreno que se encuentra en dicho lugar, apartado y a pesar de los años, aún ofrece limpios pastos para los ganados ovinos y caprino. El Tajo del Escribano está situado junto a un puerto de montaña por el que pasaba la vieja vía romana Iluro-Arunda *(catalogada como el número VI por Gozalbes Cravioto, 1986), lugar donde se puede disfrutar de privilegiadas panorámicas sobre el Valle de Ardales. Es un lugar apartado de núcleos de población, salvo el camino romano que lo cruzaba, por lo que a día de hoy es un lugar completamente inhóspito. Debió de ser un lugar de preferencias por las gentes medievales que buscaban lugares discretos y alejados de los recaudadores. En este terreno pudieron instalarse algunos de los bobastrenses desalojados de la ciudad caída. Así lo describe Ortiz Lozano:

   "El encanto del lugar, su aislamiento, la ausencia de carreteras y de gente, la sensación de hallarnos en otra época, como si una máquina del tiempo nos hubiera trasladado, se ven amenazadas por un proyecto urbanístico sobre la colindante finca de Moronta".


Ruinas del Abrigo de la Campana y su torre circular.


   En los tajos intermedios de la cara sureste de la Sierra de Ortegícar, dominando la Campiña del Valle de Ardales, y a mitad de camino entre Carramolo del Cojo y el Tajo del Escribano, hay un lugar llamado "Abrigo de la Campana", en el se encuentran las ruinas de antiguos muros. Goza de una situación privilegiada, por encima y a escasos metros de distancia del viejo cortijo de Moronta, finca agrícola y ganadera, donde hay un pozo y varias pilas muy desgastadas además de cerámicas medieval. De tierra fértil, se allana un poco, aún dentro de un marco montañoso. Sin duda está relacionado con dicha finca, se encuentra el citado abrigo. Ortiz Lozano lo describe: "Se trata de un amplio corral de bardas muy bien conservadas y utilizadas hasta tiempos contemporáneos, cuya cerámica es la misma precalifal, pobre, sin vidrear. Pero lo que más llama la atención es una torre completamente circular y hueca, que se me antoja igual a la que observé en el yacimiento mozárabe de Yutrún/Jotrón, fortaleza y hábitat cristiano aliado de Bobastro, situado en los Montes de Málaga".

   Jotrón fue derrotada de forma aplastante a manos de los soldados musulmanes en el año 928, aún así, en sus aledaños conservó una población exclusivamente cristiana al menos hasta el año 1082. También fue célebre por un prestigioso abab de su monasterio de monjes cenobitas, en pleno califato de Hisâm II.

   Sobre la torre que se encuentra en el Abrigo de la Campana plantea curiosas incógnitas, pues se desconoce su función, ni la de sus dos prolongaciones paralelas de sus muros, frente por frente, a modo de pilares, quizá, de arranque de una espadaña (estructura mural de un edificio que se prolonga verticalmente y acaba en punta, con huecos para colocar las campanas), o como soporte de la viga central para un tejado. Justo encima del Abrigo de la Campana se halla el llamado Cerro Mojón de Ortegícar, término procedente del latín Hortus Sacer (pronúnciese ortusáker), se traduce del latín como "jardín sagrado"  o "huerto sagrado", un espacio simbólico y físico que representa la pureza, contemplación y la conexión divina, a menudo esta asociado con el concepto bíblico del paraíso o el "Hortus Conclusus" (huerto cerrado). También puede referirse a jardines monásticos, lugares de culto a un espacio de cultivo y refugio espiritual:

- Significado Teológico: Se alinea con el "Hortus Conclusus" (cantar de los cantares), simbolizando la virginidad de María y un lugar para la oración y la meditación.

- Significado Histórico/Botánico: Históricamente, estos huertos cultivaban plantas medicinales y aromáticas utilizadas por comunidades religiosas (monasterios) para la curación física y espiritual.

- Contexto Artístico: El concepto a menudo aparece en el arte sacro medieval para representar el Paraíso terrenal o la pureza divina.

   A menudo se cofunde o se entrelaza con el Hortus Deliciarum (jardín de las delicias), conocido como la primera enciclopedia escrita por mujeres en el siglo XII.

   Lo que lleva a pensar que fue un cenobio aislado habitado por monjes hortelanos y ganaderos, conviviendo alrededor de una pequeña iglesia eremítica. Muy cerca de allí se hallan dos cuevas y fueron encontrados cerámica de la época.






EL DESMORONAMIENTO DEL CALIFATO DE CÓRDOBA: AÑOS 1009 A 1031


El califato de Córdoba: del apogeo a la desaparición

   Fueron casi dos siglos lo que tardó años emires de al-Ándalus en conseguir un estado musulmán poderoso sobre la sojuzgada Hispania. En el año 929 3l emir ´Abd al-Rahmán III dio el paso de titularse califa de los musulmanes e inaugurar un período de ochentas años, entre los años 929 y 1009 en el que al-Ándalus se constituyó la primera potencia del Mediterráneo occidental. Los califas ´Abd al-Rahmán y al-Hakam II extendieron la Hispania islámica la prosperidad, la cultura y la paz. Y posteriormente, bajo su férrea mano, el gran visir Almanzor añadió su temible dominio bélico el resto de la península, ocupado por los pequeños y aterrorizados reinos y condados cristianos.

   Sin embargo, el califato de Córdoba, que en el año 1009 se encontraba en su máximo esplendor, iba a venirse abajo estrepitosamente en tan sólo veinticinco años, en las que hubo guerra, violencia y crímenes, un califato que se autodestruía.

¿Quién era el gran visir Almanzor?

    El titánico aparato burocrático del Califato de Córdoba provocó que los funcionarios que estaban al cargo del funcionamiento de la corte, ganasen importancia respecto a los militares. Un alfaquí de orígenes modestos destaco entre todos ellos llegando a conseguir tanto poder que relegó al califa el papel de títere, su nombre: Muhammad ibn Abi Amir, pero la historia le recuerda con Almanzor.

   Pertenecía a una familia árabe de ilustre linaje de la tribu yemení de Ma'áfi, descendía por línea directa de un antepasado, Abü `Amir Muhammad b. al-Walíd, que había participado junto a Tariq b. Ziyäd en la conquista de Hispania.


Se debilitan los lazos de control sobre la población rural alejada de Córdoba.

   Los trágicos acontecimientos que sacudieron la vida del califato entre los años 1009 y 1031 van a ser padecido en dos escenarios: por las élites políticas y por los ciudadanos de la capital del estado. En Córdoba habrá asesinatos y ejecuciones de califas y de personajes notables, batallas y rebeliones urbanas, incluidos los saqueos, pero la ciudad de Córdoba soportará.

   Pero, ¿qué ocurrió  a lo largo y ancho de los vastos campos, valles y montañas de al-Ándalus?. Algo muy simple: la vida laboriosa de los campesinos continuó, ajenos a la guerra y siempre a merced de los nuevos amos que pasarían a dominarla. En realidad, la tónica diaria de la vida medieval, tanto en la Europa feudal como en la zona musulmana, es una gran parte de la población, trabajando la tierra de forma atareada, silenciosa, pacífica y sumisa, que observan pasivamente las batallas que son llevadas a cabo por la rivalidad de una minoría armada hasta los dientes para adueñarse de un país. Unas guerras, por cierto, que no eran batallas que se libraban en los frentes, como las que se libraban en en el siglo XX, sino de ejércitos que deambulaban por territorio enemigo, que se perseguían y que se enfrentaban en el lugar más insospechado. También ocurría algo curioso: mientras los poderosos estaban ocupados y sus tropas en en combatir entre ellos, los recaudadores del califa dejaban de venir a requerir los impuestos; si acaso, los gobernadores locales, más o menos desligados del control superior, ejercían cobros puntuales. Y de forma esporádica, alguna tropa cercana, de cualquiera de las facciones que estaban en combate, acaparaba y saqueaba los bienes que encontraba. En una comarca tan apartada ,como la Penibética malagueña occidental, en los fértiles valles profundo de Ardales y Teba, y en las montañas ganaderas de Ortegícar, Bobastro y la Serranía de Ronda, la vida campesina seguía en sus labores en las alquerías que estaban esparcidas por el campo, con la intención de seguir su proceso de ir mejorando en bienes de cara a una vida más holgada. Sólo en contadas ocasiones se veían algunos soldados yendo y viniendo o huyendo.

Kabbáb, gobernador (y bandolero) en Antequera

   Tras la muerte del taifa Bádis, un bereber de la tribu sinháya llamado Kabbáb ibn Tamít, fue gobernador y "señor" de Archidona y Antequera, se dedicó a recorrer toda la comarca saqueando los bienes de sus habitantes como un auténtico bandolero. La comarca de Teba goza de muy buenas tierras para la agricultura, por lo que seguramente también sufrió del saqueo. Por lo que en esas fechas  las "alquerías del llano" de Teba eran la del cortijo del Tajo, la de la propia Itába/Teba y la de Ortegícar (por la vertiente norte de dicha sierra), donde vivián las 5ª y 6ª generaciones de los descendientes de los rebeldes del territorio de Bobastro. "De la significación alcanzada por este personaje da testimonio el hecho de que ambos régulos enemistados, el zirí y el ´abbädí, tengan que coaligarse para derrotarlo, a pesar de que estos últimos mantuviera hasta ese momento unas relaciones más que cordiales. Ante los saqueos de Kabbáb, el nuevo y joven señor de Granada, ´Abd Alláh, en cuya taifa se incluían Archidona y Antequera, lo destituyó; y Kabbád, como respuesta, se alió con el taifa sevillano, al-Mu´tamid. Esta peligrosa alianza duró poco tiempo, ya que las taifas de Granada y Sevilla firmaron la paz. Kabbáb, perseguido  por Abd Alláh; que ordenó a su zalmedina a que lo capturará y darle muerte, que tras las suplicas de Kabbáb  le concedió el perdón y salvó la vida; no así el zaldemida, acusado de alta traición. Varios historiadores opinan que dicha actividad violenta y destructiva de Habbád fue la causante de que ochenta años después, a ojos del geógrafo al-Idrísí, las ciudades de Antequera y Archidona apareciesen decadentes y casi despobladas; al-Idrísí  lo achacará a las revueltas que hubo después de Almanzor. "Es lógico pensar que la actividad del pillaje llevada a cabo por Kabbab se extendiera a la comarca más occidental de Antequera, donde las disponibilidades agrícolas no eran en absoluto ínfimas.


Hábitats musulmanes y la construcción de castillos en los valles de Ardales y Teba en tiempo nazaríes.

   Los desplazamientos hacia el sur, desde 1248 y 1266, de miles de musulmanes, desalojados de la campiñas de Córdoba, Sevilla y de la Huerta de Murcia, supuso un crecimiento muy notable del sultanato de Granada. Muchos de ellos, sobre todo de las campiñas y ciudades de Écija y Osuna, hubieron de asentarse en los valles de Ardales y Teba, que fueron las primeras tierras granadinas que hallaron, incluso en las montañas del Valle de Ardales se observa un notable incremento poblacional. Especial inmigración recibió la Peña de Ardales, que llegó a aumentar considerablemente la población hasta alcanzar aproximadamente los mil habitantes. Sobre esto, Ortiz Lozano añade: "De otra forma no se explica la construcción, seguramente a iniciativa de peritos y alarifes llegados de las campiñas del Guadalquivir, de esa sofisticada obra de ingeniería para la traída de aguas del nacimiento de la sierra de Alcaparaín: la llamada Tajea de Ardales, con dos acueductos, uno de los cuales aún subsiste, creo que desconocido a nivel académico". 

   Teba y Ardales eran la barrera de contención de los musulmanes ante la temida caballería castellana, por lo que necesitaban que fueran fuertemente defendidas. Por ello, el sultán de Granada tuvo la iniciativa de construir de nueva planta, entre los años 1248 y hasta 1300 a dos impresionantes castillos, el Castillo de la Estrella en Teba y el Castillo de Turón cerca de Ardales y otros más pequeños como el de Pego o Pliego y el de Castillejo de Cuevas del Becerro, torre-alquerías como la de Ortegícar, y restaurar y reformar otras fortalezas como el viejo castillo de Ardales, que ya existía en el año 884 y el castillo de Cañete la Real, ambos castillos de tiempos de ´Umar ibn Hafsún, señor de Bobastro.


Construcción y fortificación de los castillos de Teba, Ardales y Cañete la Real.

   Entre los años 1248 y 1261 el sultán Muhammad I estuvo recorriendo sus territorios, y mando fortificar los pasos de montaña más vulnerables e inspeccionando los castillos. Su empeño no era en vano, pues una vez caída Sevilla, había que defender la frontera muy seriamente. Torres Delgado, en su libro "El Antiguo Reino Nazarí de Granada. 1232-1340", hace una descripción de los castillos nazaríes: "El sistema defensivo del reino nazarí, su recia arquitectura militar, fue el elemento más importante para el mantenimiento del reino y del Estado... Los reyes nazaríes no abandonaron en ningún momento el mantenimiento de sus fortalezas fronterizas o interiores. En ellas descansaba la seguridad del reino.

   Jalonaban la línea de la frontera y, elevadas sobre emplazamientos estratégicos, vigilaban los caminos de acceso al interior, por donde de producían las incursiones cristianas.

   En general, eran de planta irregular, y adaptadas a la topografía de su emplazamiento. Son diferentes en proporciones, desde el pequeño castillo roquero o de vigilancia (Xiquena, Orce, Locubín, Zambra, Anzur, Ardales, Carcabuey, Torre al-Háquime, el Caperuzón y otros) a 12 ó 14 kms de una gran fortaleza defensiva, a las impresionantes defensivas con una guarnición, mayor de milicias de vanguardia (Alcaudete, Olvera, Pruna, Jimena de la Frontera, Gaucín, Castellar de la Frontera, Cortes de la Frontera, Moclín, Alhama, Zalía, Montefrío, -hasta 1292-, Iznájar, Rute y otros); o las grandes alcazabas, cabeceras de distrito (Loja, Guadix) y las capitales de las antiguas coras, alcazbas de Málaga, Almería y Granada. Numerosas torres vigías enlazan. 

   La mayor parte de estos castillos, como ocurre con las torres de la costa, fueron en sus orígenes muy antiguos, y algunos son aún anteriores (Vélez de Benaudalla, Ronda, Fuengirola, Adra y otros); sufrieron construcciones posteriores y en gran parte otros fueron construcciones almohades, quienes aprovecharon en ellas todo lo útil de épocas anteriores, lo que nos demuestra el espíritu pragmático de los musulmanes en al-Andalus. 

   En el siglo XIII y XIV se construyeron nuevas torres defensivas, se reparaban las fortalezas, después de las frecuentes inspecciones de los nazaríes... y así de es fácil observar en estos castillos las construcciones típicas de torres del Homenaje, murallas de doble recinto, pasos de ronda estrechos, con aristas redondeadas en sus ángulos. 

   Como ejemplo pueden citarse los castillos y fortalezas de Castellar de la Frontera, con torres de finales del siglo XIII, XIV y reconstrucciones del XV. Otros muchos castillos, como el de Carcabuey y los que forman el cinturón defensivo de la capital granadina presenten elementos de indudables trazas árabes como las torres del Homenaje, cuadradas y de extraordinarias dimensiones situadas en los ángulos de los recintps (Gaucín, Casares, Jimena de la Frontera, Cambil, Olvera, Pruna, Comares, Cártama, Alora). 

   La fundación del reino de Granada abrió el "tercer y último periodo de la fortificación musulmana en la Península" y los numerosos castillos del reino han sido actores o testimonios del conflicto bélico entre nazaríes y castellanos, en una historia de gran complejidad que abarcó dos siglos y medio: Es posible que la mayoría de los castillos roqueros, sean de construcción nazarí, lo que es un claro exponente del sentido práctico de búsqueda de protección en que se desarrolló su vida el reino de Granada.

   A juicio de Terrase ("Les  forterésses de l´Espagne musulmane". TERRASSE, Henri. Cátedra de la fundación del Conde de Cartagena. Madrid, 1954.) en el "siglo XIII aparece en la frontera Occidental un nuevo tipo de fortificación que se inspira, en buena parte de sus trazados, en las fortalezas de la España cristiana". En efecto, hemos podido comprobar torres del Homenaje abovedadas (Teba y Cañete), de tapial y con piedras labradas en su paramento (Peal de Becerro, Luque, Iznájar, Pruna, Olvera). O con chimeneas y aristas redondeadas (Moclín), que responden a esta arquitectura mixta, pero creemos que entre otras razones se debe a que entre otras razones se debe a que las reconstrucciones se hacían cuando las fortalezas estaban en poder de los granadinos, y recuperados por los castellanos, se restauraban según el estilo general cristiano o al revés.

   Independientemente de su función defensiva y ofensiva, de su estilo artístico y arquitectónico, en relación con el medio físico en que están situados, los castillos nazaríes responden a unas necesidades militares, pero han de ser considerados, cualquiera que fuese su destino, como hecho de geografía humana. Significan centros de hábitat-militar, de acuerdo con su primordial función.

   En su época fueron cabeceras de distritos... y presupone por tanto que responden a unidades administrativas del reino; muchos de ellos son a la vez grandes y florecientes ciudades (hisn y madina qasr al-Hasin) como Lorca, Guadix, Comares, Antequera y otras muchas. La mayoría tienen término territorial que es cultivado por colonos, los cuales viven en sus barrios (ar-rabad) protegidos por la fortaleza, que en los momentos de gran peligro, abría sus puertas a la población campesina, atemorizada ante la razzia. Esto nos permite atribuir al castillo otra función importante como la económica, aunque sólo fuese de subsistencia en los más pequeños. Si hoy comparamos las cabeceras de los partidos judiciales actuales, con asombro hemos de comprobar que en un 90 por ciento todas ellas poseen una fortaleza o sus restos. (Loja, Baza, Guadix, Archidona, Arcos, Grazalema, Antequera, Jimena de la Frontera, y tantos otros).

   Las numerosas ruinas que actualmente "pueblan" el territorio del antiguo reino de Granada, revelan una obra humana, y en su emplazamiento vienen representadas las relaciones con el medio natural, ambas combinadas se perfilan en el paisaje. Tanto en los valles, como en las montañas o campiñas, aparece esta obra humana, que forma de manera incontestable, uno de los componentes del paisaje humano.

   Estos castillos del reino de Granada, centro de la vida -social, económica y administrativa a la vez que militar o política de sus gentes-, fueron la expresión viva del territorio del Estado nazarí; y las innumerables ruinas y vestigios arqueológicos que se conservan, merecen estudios mono gráficos detenidos porque constituyen el símbolo de una sociedad desaparecida; y, desaparecidos también sus dueños, el tiempo ha sido destruyendo, lenta pero inexorablemente, las sólidas torres y muros, donde a veces campea un escudo rebelde, azotado por las lluvias y el viento.

   Estos castillos reciben el nombre árabe de tagr, que viene a ser "castillos de fronteras". En las zonas del Valle de Ardales y Guadalteba se hallan los castillos tagr de Teba, Cañete, Turón, Ardales, Pego de Cañete, El Burgo, Castillejo de Cuevas del Becerro, la gran torre-refugio de Ortegícar y la torre de Viján situada en frente de Cuevas del Becerro. Virgilio Martínez sobre los "castillos fronterizos: "Sirva todo ello para introducir la cuestión terminológica del vocablo tagr. Indudablemente, su valor es polisémico, excediendo del más extendido de "zona fronteriza" para designar también un punto fortificado, ...se registran documentalmente varios tugür en el valle del Guadalhorce y noroccidente malagueño".


La torre-refugio y alquería de Ortegícar y su puente nazarí.

   Se trata de una torre "de envergadura", una construcción fuerte e ideal para refugiar a un gran número de personas ante una cabalgada imprevista. Situada sobre una colina de 470 metros de altitud, cerca del cauce del río Guadalteba en la cara norte de la sierra del mismo nombre, entre los castillos de Cañete, Teba y Ardales. Es una construcción de planta cuadrada, de 8´80 metros de lado y 18´60 metros de altura. El aparejo es de verdugadas de ladrillos, especialmente en la esquinas, enfoscados y con sillares romanos aprovechados en su base, tal vez procedan de las ciudades próximas de Sabora o del cortijo del Tajo. En el interior tiene tres plantas con sus cubiertas, escalera de machón central, con cúpula de ladrillo sobre magníficas trompas"Sobre la torre de Ortegícar, Martínez Enamorado la describe: ...es necesario recordar que el acceso a la alquería protegida por la antigua torre de Ortexicar, resta un magnífico puente nazarí del característico tipo de "lomo de asno" de 6,30 m. de altura total sobre el río Guadalteba. La luz del arco es de 4,47 m., con un pretil en cada uno de los lados de 0,9 m. de altura por 0,31 m de anchura el de la izquierda y 0,9 m. de altura por 0,35 m. el de la derecha en sus respectivo puntos centrales. La anchura del dovelaje de ladrillo del arco, ligeramente apuntado, es de 0,97 m. Su fábrica combina con el ladrillo, aunque distintas reparaciones modernas han dejado su sello en el hormigón de cemento que cubre el antiguo aparejo. Sobre el puente trascurre una calzada de cantos rodados de 3`5 m. de anchura que se va abriendo, como es normal, en la finalización del pretil, elemento también en ese sector extremo con una considerable mayor abertura.

   Conquistado por primera vez en el año 1329 por Alfonso XI que lo donó a la Orden de Santiago mediante privilegio fechado en esa misma fortaleza el 18 de septiembre de 1330.


Torre Alquería Ortegícar.



Alfonso XI se apodera de Cañete, Pego (Báguh), Cuevas del Becerro y Ortegícar

   El cronista es escueto, pero muy claro: "E desque (el rey) ovo la villa de Teba en su poder, vino a los castillos de Cañete et de Pliego (o Pego), et los moros que hi estauan, entregárongelos. Et sopo que la torre de las Cueeuas et la torre de Ortexicar estauan, entregárongelos, y embió alli gente que las tomassen". Sobre la conquista de Cañete también es mencionada en la crónica de "Lamha" de Ibn al-Jatíb, año 1350: "Alfonso ibn Fernando ibn Sancho ibn Alfonso ibn Fernando conquistó en su época las ciudades de al-Qaníta/Cañete y Tákurunná". Estando el rey en el real sobre Ortegícar, es decir, antes de que cayese la torre de Ortegícar, firmó con fecha de 18 de septiembre de 1330 una carta de donación de la misma y toda su tierra, más "Pego", a la Orden de Santiago, en la persona de su maestre Vasco Rodríguez de Cornadgo, "por sus buenos servicios en la campaña de Teba" (MARTÍNEZ ENAMORADO, Virgilio. "Un espacio de frontera. Fortalezas Medievales de los Valles del Guadalteba y del Turón". Universidad de Málaga. 1997, Málaga. P. 126. y en TORRES DELGADO, Cristóbal. "El antiguo reino nazarí de Granada. 1232-1340". Ediciones ANEL. Granada. 1974. P. 345). Una vez conquistada estas cuatro plazas, las abasteció de "viandas" (se define principalmente el sustento y comida de las personas). El juglar (trovador) Rodrigo Yáñez canta cómo al ganar Alfonso XI estos lugares, cuando la noticia llegó al otro lado del mar, llego a causar tal pánico hasta el punto de que "África temblaba": "E gannó desta entrada/ a Pego, Canniente e Toron./ A Ertexicar (e) las Cuevas/ moross ge las fueron dar./Sspieron estas nuevas/ allén las aguas del mar./ Gran pessar moros tenian/ todos por aqueste fecho./ Del noble rey miedo auían/ que passaria el Estrecho./ Africa toda tenbraua". Sobre esto, Ortiz Lozano comenta: "Aunque se mencione Turón y algunos historiadores digan que también cayó en 1330 Hardales, se trata de sendos errores muy difundidos motivados por la lectura "Teba Hardales" y por el episodio del saqueo del campamento de Turón. Las crónicas son diáfanas en el sentido de que Hardales y Turón continuaron dentro de Granada".

Teba queda incorporada definitivamente a Castilla. Se fija la frontera delante de Ardales y Turón.

   Teba queda incorporada  de forma definitiva a la Corona de Castilla, pero no quedará exentas de riesgos y peligros, pero los musulmanes nunca volverán a recuperarla, pero si lo harán diez años después con las plazas de Cañete, Ortegícar, Pego y Cuevas del Becerro. Estas conquistas no pudieron ser efectivas por las grandes dificultades para mantenerlas avitualladas en invierno y por una traición. Sus guarniciones eran escasas y temerosas por lo que se veían impotentes para defenderse. Cañete y Pego (Pliego), aún permanecían en manos castellanas el 22 de septiembre de 1333, cuando Alfonso XI dona ambas a la Orden de Alcántara y a su maestre Suero Pérez, en recompensa por sus servicios. La frontera no sufrió grandes cambios, salvo que las plazas de Olvera y Teba quedaron convertidas en lejanos y profundos aguijones cristianos en pleno territorio musulmán, con una vida llena de nerviosismo por el peligro y debiendo ser continuamente abastecidas desde Sevilla, Écija y Osuna. La línea fronteriza queda instalada sobre el río Guadalteba. Al tras es línea, al sur, se alzan las plazas de Ardales y Turón.

   Desde ese momento pasarán por Teba numerosas cabalgadas de los castellanos para atacar el interior del sultanato por la Hoya de Málaga y por la Serranía de Ronda; así mismo, Teba va a sufrir las bravas algazúas (breve incursión militar, punitiva o de saqueo) de los musulmanes hacia ella y otras villas y ciudades asentadas en territorio cristiano. En el amplio espacio que cubre la comarca que hay entre Teba y Ardales sufrirá el "género de vida fronterizo, un ritmo duro y de sacrificio, violento e inseguro: la cautividad, la ruina agrícola, la despoblación". Sus castillos y sus torres-fuertes, que son utilizadas como refugios, serán los núcleos de ambas poblaciones, musulmana y cristiana; y por la parte oriental, el terreno abierto de la Plana de Antequera, principal ciudad musulmana y tagr, "castillo fronterizo" de la zona y una plaza dificilísima a conquistar por Castilla.

Paz efímera en la frontera de Ardales.

   Yúsuf I inaguró su sultanato con la recuperación de Torre-Alháquime, Yámunt, Cuevas del Becerro y Ortegícar en el invierno que transcurre entre los años 1333 a 1334, fue más por abandono castellano debido a las dificultades defensivas que por conquista militar. Esta estabilidad fronteriza apacigua la vida familiar y laboral de los musulmanes inmediatos. Ardales, al verse reforzada con las guarniciones militares de los castillos de la Peña y de Turón, seguirá habitado por su antigua población, tal vez instruida y animada en lo religioso por algún sufí de los que llegaron desde Oriente y que se ganaban la vida como tejedores y jornaleros. La vieja záwiyat que dominaba el poblado de Ardales (un templete musulmán que se alzaba donde se sitúa actualmente la ermita del Calvario) pudo ser la residencia de uno de estos sufíes.


Acampada en las fuentes de Huexbar.

   Doce días después de salir de Sevilla, el ejército cristiano dejó la Vega de Antequera para dirigirse directamente hacia Ronda, "et fue (a) possar cerca de vnas fuentes que dizen Huexbar".  Los castellanos suelen elegir para acampar lugares con abundantes aguas, y sobre todo en la temporada estival. En el repartimiento de Antequera después de 1410 se citará el topónimo "Ojos de Huecar" o de "Güecar", siendo "ojos" una forma castellana de decir "manantiales de agua que surgen en la llanura", pero los tiros no van por ahí. Según el cronista el trayecto que realizan entre Antequera y Ronda el ejército lo hace en dos días, con la citada acampada a mitad de camino, en Huexbar. ¿Las fuentes de Huexbar podrían ser las lagunas de Campillos, o algunos de los manantiales de sus alrededores, teniendo en cuenta que en aquel tiempo no existía ninguna población en esa zona?. El trayecto entre Antequera y Ronda por las vías naturales hay unos 64 kilómetros, que en dos partes vienen a ser 32 kilómetros por cada una, una jornada de marcha cómoda en las campañas medievales. Debieron coger el curso llano del Guadalhorce, por Bobadilla, desde este punto hay dos opciones para seguir: primera opción es por camino recto hacia el desaparecido pueblo de Peñarrubia, por el cerro de Juan Vacas o la laguna de Panza, y la segunda opción es por Vadolosyesos y río abajo por Gobantes, donde se halla la fuente de la Salva. En Peñarrubia tomarían los castellanos el río Guadalteba arriba: el camino natural, más corto y llano hacia Ronda. Además, Alfonso XI pasaba por un lugar que le era bien conocido, pues en ese mismo lugar, nueve años antes libró varias batallas contra los musulmanes de ´Utmán durante la conquista de Teba. Y recorrido unos 40 kilómetros, llegaba a las huertas de Ortegícar, Serrato y, río arriba, Cuevas del Becerro. Ortiz Lozano, con la descripción del posible recorrido, señala cual es el lugar dónde se encuentra la fuente de Huexbar:

   "Y aquí tenemos, sin lugar a dudas, las fuentes de Huexbar: un conjunto de manantiales (Nacimiento, Fuentezuela, Bernalfrancés, Zorro...), de los que brotan aguas cristalinas, exquisitas y abundantes, hasta el punto de colmar acequias muy antiguas que bajan paralelas al río que amamanta al Guadalteba: Durán, Cañamero, Coscojoso, Cabreja. Y todo en un entorno muy ameno, entre fresco y tupido follaje. Los dos primeros manatiales se hallan justo al pie del cerro del Castillejo, el de las ruinas del castillo que dio origen al pueblo de Cuevas del Becerro...)."


Ortiz Lozano añade sobre la mencionada Huexbar:

   "Después de redactar el párrafo anterior, he hallado de forma casual una referencia de Ibn ´Ásim, que escribe hacia 1450 y menciona ocho lugares de la comarca de Antequera. Uno de los situados más al oeste es Gãr Wybr, "la cueva de Wybr", pronúnciese /Uáchbar/: la coincidencia fonética es exacta; ¡se trata de nuestro Huexbar!. Y, Además, la localización geográfica se corresponde con lo que indica Ibn al-Jatíb al mencionar también ese toónimo "en la comarca de El Burgo".  Al final, yo vine a poner Huexbar en la misma zona que piensa Martínez Enamorado, quien Afirma: "Sospechamos que se trata del actual castillo de Cuevas del Becerro".


Toma de Ortegícar.

   El 12 de octubre partió de Setenil dirección al río Guadalteba un ejército de 1.500 lanceros con varios famosos caballeros, bajo el mando del maestre de Santiago. Llegaron a la torre de Ortegícar, que los moros entregaron en pleitesía al maestre, quien lo puso a buen recaudo con suficiente guarnición. Y luego prosiguió con la partida hacia el puerto Martina. Aquí se dividieron en dos: una, al mando de Gome Suaréz, se dedicó a saquear y combatir Casarabonela; la otra, más numerosa, al mando de Rodrigo Ponse de León.


El sultán reconoce la pérdida de sus plazas.

   El 15 de julio de 1424, en Ocaña, los enviados del sultán reconocen como castellanas las plazas de "Zahara, Antequera, Xebar, Cabeche, Aznalmara, Aymonte, Cañete, la Torre de Alhaquim, Ortexicar y Pruna". Pego, destruida y desportillada, no está incluida.


Despoblación de Ortegícar, donada a los Cárdenas.

   Según Nicolás Cabranilla, "Ortegícar, a pesar de su hermosa torre, era de difícil defensa por estar situada en una zona llana, que la hacía vulnerable a las posibles razzias organizadas por los musulmanes de la Serranía de Ronda o de la sierra de Alcaparín. De ahí que, tras ser abandonada por sus habitantes, en 1428, no siendo apetecible a los repobladores, el rey castellano la donó a la familia cordobesa de los Cárdenas, que explotaron sus ricas tierras según la difícil situación fronteriza lo permitía".   

 Así lo refleja Ortiz Lozano, en su trabajo de "Historia del Valle de Ardales. Tomo III". Añade: Pedro Cárdenas obtuvo la donación y explotó sus tierras en precario, pero sólo "por una vida": o sea, mientras él viviese y no para darla en herencia. Puede imaginarse la apurada situación y continuos sobresaltos que sufriría su escasa población de vaqueros y pastores, en un lugar llano y en la linde mora: sólo la sobriedad y altura de su gran torre suponía una garantía para encerrarse a cal y canto y aguantar "el tirón".

   Sobre la donación de la torre de alquería de Ortegícar a Pedro de Cárdenas escribe lo siguiente: El abandono de sus poblaciones, que alegaban mala defensa por situarse el lugar en llano, motivó que el rey castellano donase Ortegícar al cordobés Pedro de Cárdenas, únicamente "de por vida". Este, sólo precariamente por la situación conflictiva que vivía la frontera, explotó las tierras. Sin embargo, por Real Provisión fechada el 31 de diciembre de 1464, la familia sevillana de los Girón, ávida por obtener tan ricas tierras de labrantío en la vera del Guadalteba, obtuvo su propiedad por traspaso de Pedro de Cárdenas al maestre Pedro Girón y a su hijo Pedro Téllez, aunque estos calatravos sólo disfrutarían de la plaza:

   "en como vos tenedes (Cárdenas) por mi e en mi nombre la torre de Ortexícar, que es en la frontera de moros, en çierta leva de paga que bien tenedes en cada un año como la dicha fortalesa de merçed para toda vuestra vida"


Los moros toman Ortegícar y acechan Teba.

   En la noche del 23 de junio de 1450, el ejército islámico hizo suya la torre de Ortegícar, cuyo alcaide consta que seguía siendo Pedro de Cárdenas, y se disponían a asaltar Teba, cuyo alcaide solicita  una lombardeta. Todo ello se puede comprobar por la carta del alcaide de Teba, cuyo extracto dice así: "Teba, 1450, junio, 23.- Fernando de las Infantas, alcaide de Teba, hace saber a Per Afán de Ribera, adelantado mayor de la frontera, que esta noche ha sido tomada por los moros Ortexicar, por lo cual peligran Teba y Cañete. Le pide notifique el hecho a Sevilla y a don Pedro de Aguilar (señor de Teba), y vea si don Juan de Guzmán (duque de Medina Sidonia) le puede enviar alguna lombardeta para caso de asalto"Con esto quiere decir, que las plazas de Teba y Cañete están en peligro, pero no dicen nada de Turón, lo que puede significar que este último había caído, máxime cuando está mucho más adentro de las tierras musulmanas que Ortegícar. Dos días después la carta está en manos de Per Afán de Ribera, además el adelantado del rey, señor de Cañete, quien lo expone al concejo de Sevilla, pidiendo ayuda "a remediar la pérdida". Pero no llegaron a tomar ni a Teba ni a Cañete, ni siquiera las atacarían, sino que se fueron a la costa.


Riesgo de despoblación en los castillos de la frontera por falta de alimentos.

   En Córdoba se convocaron las cortes del reino, y Enrique IV ordenó el 2 de agosto de 1455 pagar el trigo de los castillos de la frontera. pues en peligro de despoblarse por hambre: "Yo el rey fago saber a vos, los mis contadores mayores, que los procuradores de las çibdades, villas e castillos fronteros de tierra de moros me fizieron ralaçion que han seydo perdidas muchas villas e castillos de las dichas fronteras, e han padeçido e padeçen grande fanbre por no ser librados el pan e maravedis que de mí tienen, al comienço del año". Quizas Ardales, Turón y Ortegícar se perdieron por hambre.


Cabalgada musulmana por la frontera de Teba y refriega en el Cabezo del Madroño.

   Los cronistas de la lejana corte castellana y escribiendo varios años después, narran la fortísima escaramuza de los musulmanes que en abril de 1462 atravesó la frontera de Teba, siendo la narración más detallista la del sacerdote, capellán, escritor y cronista Andrés Bernáldez (Fuentes de León, Badajoz, c. 1450 - Los Palacios, Sevilla, 1513, pos.), detallistas en hechos y cita de lugares. Pues con los datos de Andrés Bernáldez y otros cronistas, Ortiz Lozano hace un buen trabajo en describir un itinerario de las tropas musulmanas y castellanas en la que comparto una breve parte y que para saber la historia completa os aconsejo de haceros con el libro y conocer la historia completa:

"Entre 1461 y principios de 1462 Fernando Narvaéz. alcaide de Antequera, y Luis de Pernia, alcaide de Osuna, habían hecho unas cabalgadas por la frontera de Loja y por la de Málaga, es decir, la de Hardales. Así que el príncipe heredero de Granada, Abú-l-Hasan, de 32 años, hombre fogoso que no podía sufrir la apatía de su padre, el sultán Sa´d, tomó "mucha saña" contra esos cristianos y le exigió un ejército para ir contra ellos. El sultán prefería la paz sumisa a una guerra para perderla, pero su hijo se salió con la suya y obtuvo 3.000 jinetes y 4.000 peones (cifras que varían según los distintos cronistas, pero siempre resultan exageradas, como la de los ganados robados)."

   El príncipe Abú-l-Hasan partió de Granada y, pasando por Loja y Archidona, penetró en tierra cristiana. Una vez en territorio enemigo dividió sus tropas: 400 jinetes con un puñado de peones fueron a Teba y el resto de la tropa a saquear el campo de Alhonoz (al sureste de Écija, junto al Genil), Osuna y Genil, al mando del alcaide ´Abd Alláh Ibráhím, capitán de Baza y Guadix:

"...y los 1.800 caballeros restantes y la mayoría  de los de a pie se quedaron con Abú-l-Hasan en la retaguardia de Teba (dato muy importante que da Bernáldez), para organizar una celada (una trampa). Los peones moros que fueron con los "corredores"  tenían como misión "ayudar a traher el ganado".  El cronista Enríquez dice que la principal villa asolada fue Estepa, quizá confundiéndola con Teba o quizá añadiendo un dato nuevo, que no da Bernáldez".


   Cuando el conde de Cabra supo de lo sucedido avisó a Luis de Pernia, alcaide de Osuna, avisando a su vez a los de Marchena. De aquí vino "cavalgando muy prestamente" Rodrigo Ponce de León, "seyendo moço de diez y siete a diez y ocho años", "que apenas le heran las barbas nasçidas, e nunca fasta estonce oviese peleado ni en peligro se oviese visto, con "la gente que pudo": seguramente actuaba el joven Rodrigo porque su padre, el conde de Arcos, Juan Ponce de León, se hallaba en Sevilla.

   Rodrigo Ponce de León llegó a Osuna, dónde lo recibirá en en las puertas el alcaide Luis de Pernia, juntando entre ambos 260 caballeros y 600 peones, cantidad inferior a las tropas moras. Con dicha tropa, Rodrigo Ponce de León y el alcaide Luis de Pernia salieron en busca de los asaltantes moros. Éstos se llevaban 36 cristianos cautivos y el ganado robado: 600 bueyes y 1.500 vacas. (...) Bernálbez acierta más en su relato, diciendo que mientras el grueso de los corredores todavía estaba en Écija, donde degollaron a 300 cristianos, el joven noble Rodrigo Ponce de León y el alcaide Luis de Pernia "fueron desde Osuna a buscar a los moros e hallaron a los 400 corredores sobre Teba. Estuvieron allí quedos un gran rato e vieron venir a los 800 de la cabalgada, (...) que juntáronse con los corredores que estaban sobre Teba, e pasaron la vía de tierra de moros".

   Sobre esta exposición de hechos nos hace ver que el escritor y cronista Bernáldez ha dado un par de detalles que son cruciales para ubicar la contienda que va a tener lugar: el príncipe Abú-l- Hasan esperaba en una celada a retaguardia de Teba, y a los asaltantes de Écija y Teba regresaron a tierras de moros. Ortiz Lozano se pregunta: Pero ¿hacia dónde? ¿Hacia Archidona, hacia Ardales camino de Málaga, o hacia Ronda por Hardales?.


   Conforme avanza el relato de los hechos parece dar una ubicación: Una avanzadilla cristiana de "once caballeros escogidos", sin saber lo de la celada, corría tras la retaguardia mora, matando en un primer alcance a dos moros, y en un segundo alcance, a tres. Los moros sin dejar de avanzar, se metieron más y más en tierra musulmana "por una angostura adelante, e los cristianos tras ellos, e salieron a un llano, cerca de un cabeço". Los cristianos se pararon, "adereçando sus adargas, para volver sobre los cristianos". Pernia, queriendo evitar la pelea "porque don Rodrigo era moço e por dar buena cuenta de él" (es decir, para poder devolverlo sano y salvo a su padre), entabló el siguiente diálogo:  "Señor, estos moros quieren pelear; ved qué queréis que hagamos´ - `¿Qué avemos de hazer, sino pelear con ellos?´ - `Catad, señor, que estos moros nos tienen mucha ventaja, y estos peones de Osuna que aquí tenemos, yo los conozco, y veyéndolos pelear, huirán o se subirán a esta sierra - A lo que le dijo Rodrigo: `Conviene que no nos vamos de aquí sin pelear´". Y se puso a arengar a la tropa con tales palabras que no parecía mozo, sino que "fuera de cuarenta años e tuviera alli diez mil de a cavallo". "Eestava alli un cerro alto dellos, e por esso temian que los peones se irían", es decir, se subirían a él para mejor defenderse de la caballería e infantería musulmanas. 

  Por lo que dar a entender, que el camino que habían tomado los moros iba bordeando la Sierra de Ortegícar por el sureste, por la cara que mira a Ardales, o sea, tomando el camino que va a Ronda. La Sierra de Ortegícar sería a la que hace referencia cuando dijo: "se subirán a esta sierra", a donde temían Rodrigo y Luis que se subieran sus peones, con pocas ganas de morir en batalla. Los moros siguieron la estratagema, marchando como si huyeran, los cristianos los seguían por las faldas de la Sierra de Ortegícar. Los moros iban directo al lugar donde se encontraba el príncipe Abú-l-Hasan con el grueso del ejército, hasta que los cristianos "perdieron vista con las alturas de la tierra": es decir, la celada estaba puesta justo detrás de un puerto, según mi opinión, el que cae hacia Serrato. Entonces, al toparse los cristianos con el ejército musulmán, ocurrió lo que los capitanes cristianos temían: los peones cristianos "por miedo a una celada, no osaron pasar de largo, e subiéronse en un cabeço no muy defensible, que dizen del Madroño, e pararon alli, e estavan muy cerca de la celada" ("cabezo", monte abrupto, coronado de rocas y tajos). Justo en frente del Tajo del Escribano de la Sierra de Ortegícar, en el puerto que da a Serrato del camino de Hardales a Ronda, se encuentra el cortijo y cerro del Madroño, y sobre ambos, un cabezo pétreo, con una corona de enormes rocas calizas cortadas a plomo, llamado curiosamente el Cerro de las Peleas".

   Una vez reunidos todos los moros, atacaron a la caballería cristiana, que se fue "al dicho cabeço del Madroño". Todavía "no estaban recogidos del todo los peones", cuando Rodrigo también buscó subirse al cabezo, haciendo apretarse a toda su gente, "e los cavallos colas con colas, efizieron muro de sí mesmos en circuito, todas las puntas de las lanzas afuera, para defender a bote de lanza"El Cerro de las peleas si que era apto para que los peones pudieran escalarlo, pero los caballos no podían subir de ninguna de las maneras hasta lo más alto; pero si que podían llegar a las terrazas naturales que haya media altura. Continua:

   "Ibráhím llegó con sus caballeros, rodeó a los cristianos y ordenó arrjoarles las lanzas, que los sitiados rechazaban con las suyas y con las adargas. Vieron los moros venir al "peonaje cristiano de Écija", que se había quedado atrás y ahora se encontraba con lo que no imaginaba. Los moros arremetieron contra ellos, realizando una escabechinas hasta matar a 123 peones. Siguieron más lanzadas a los caballeros que aguardaban em círculo y que las soportaron como podían. Entonces llegó el príncipe Abú-l-Hasan con tres alfaquíes amagando las espadas y sobre "caballos vestidos de alcandoras blancas muy cumplidas sobre las armas". La pelea se hizo general: los caballeros cristianos se metieron entre las filas moras, yendo directamente hacia donde estaba el príncipe. Hubo muchos muertos por ambas partes; entre ellos, el caballero Martín de los Ríos, quien fuera alcaide de Teba cuarenta años antes. Y Rodrigo Ponce de León "fue herido de una lança arrojadiça que la passó (atravesó) un brazi" "por la muñeca"; "e assi herido salieron de alli en pos de los moros, peleando muy fuerte. E los moros e su infante bolvieron las espaldas a huir, que no pudieron sufrir a los cristianos, que salieron hechos un cuño con todas sus lanças, que no avian echado (arrojado) nenguna (...). E alli perdió el infante su seña (su bandera) e el paje con ella, e otras muchas señas, e las ovo don Rodrigo, e siguieron su alcance ( los persiguieron) hasta que cerró la noche. E aquella noche fue don Rodrigo, en gran peligro de su persona desque se resfrió la lanzada, e se desangró mucho e desmayó por la mucha sangre que salió. E después fue confortado, y con la fortaleça de su coraçón y el favor del vencimiento, él mismo se esforçava. E aquella noche durmieron en un arroyo". A la mañana siguiente levantaron el improvisado campamento y recogieron todos los despojos de los vencidos: banderas, atabales y añafiles (trompetas rectas moras de aproximadamente de 80 centímetros de longitud).


Ortegícar es comprada por los Girón


  En el año 1450, Ortegícar había caído en manos musulmanas, que debió de ser recuperada en un  momento indeterminado en los doce años siguiente o quizá en 1462, aprovechando Pedro Girón la hueste de Archidona; o quiza los moros la habrían abandonado por situarse en el llano y tan expuesta a los cristianos de Teba y Cañete. Su anterior propietario era Pedro de Cárdenas, anteriormente sólo alcaide, pero ahora amo y señor por merced del rey durante "una vida", es decir, mientras viviese y sin poder dejarla a sus herederos. Y el 15 de octubre, por licencia del rey del día 2, vendió "el donadío e fortaleza de Ortegícar"  a Pedro Girón, representado por su hijo Alfonso Téllez Girón. Dice Enrique IV: "E como vos, Pedro Cardenas, tenedes por mí e en mi nonbre la torre de Ortexicar, que es la frontera de moros, en çierta leva de paga, que bien tenedes de cada vn año, como la dicha fortalesa".

   En lo referente al tema eclesiástico, Ortegícar, Archidona y Olvera, que acabaría en manos de los Girón, en principio fueron adscritas al arzobispado de Sevilla, pero pronto, antes de que Málaga cayera en manos cristianas, fueron inscrita en su obispado, que se estaba restaurando. Este hecho traerá largos pleitos entre ambas sedes. Ortegícar, aunque estaba casi despoblada, se constituyo en un municipio, con un alcalde ordinario, un alguacil y un escribano, su cárcel del consejo y el mayordomo de los Girón administrando las labores. Ortegícar tenía un total de 2.997 fanegas. divididas de la siguiente manera:

- 256 fanegas de regadío.

- 1.741 fanegas de labor de secano.

- 550 fanegas de monte bajo.

- 450 fanegas de sierra.

   Y su "casco urbano", con el corral del concejo rodeado de muros y el castillo o torre musulmana, de cuatro lados iguales de a unos 11 metros cada lado, con cuatro pisos, una habitación en el bajo y seis, destinadas para el uso de almacenamiento en las superiores. Al año siguiente, el 31 de diciembre de 1464, Pedro Girón fundó el mayorazgo de Ortegícar para su hijo Alfonso.


Refriegas en Cardela, Montecorto y Ortegícar, y refuerzo de Cañete y Torre-Alháquime.

   Una de las citadas incursiones musulmanas producidas entre los años 1.468 a 1.471 culminó con la toma de Ortegícar por parte del sultán. Abú-l-Hasan "recobró Cardela (en el extremo occidental de la frontera, al oeste de Cortes), expugnada antes por el marqués de Cádiz; ocupó el castillo de Montecorto, que, después de tomado por los nuestros, lo arrebató  de nuevo; asimismo y con repentina entrada se apoderó de Ortejicar, mal defendido por cobardes guardas, aunque al cabo y a pesar de las treguas lo recuperaron nuestros soldados al mando del marqués de Cádiz y de algunos caballeros andaluces" en 1.472.

   Ortegícar pertenecía al joven maestre de Calatrava Rodrigo Téllez Girón, que ordenó destruir parte de su torre, pues pensaba que era mejor abandonarla por su difícil defensa.

   El 9 de marzo de 1.473 Enrique IV concede los privilegios a Teba y Ardales asimismo a Cañete y Torre-Alháquime, "lugares fronteros de moros y villas muy cercanas e metidas entrellos", "es mi merced que estén pobladas para la defensa de la fe y guarda de las otras villas e castillos de la frontera", concediéndoles a los caballeros, escuderos, hombres y mujeres que morasen en ellas durante diez meses seguidos dichos privilegios.


   Pedro de Girón tenía un ambicioso plan, se iba librando de algunos señoríos que al no le interesaban como Fuenteovejuna, a cambio de otros muy cercanos a la zona de Ardales para constituir constituir un gigantesco señorío en la frontera de la zona de Hardales, añadiendo Osuna y Cazalla a sus villas de Olvera, Ortegícar, Archidona...: así podría apoderarse en el futuro de más tierras de los moros por aquí.


BIBLIOGRAFÍA:


-GARCÍA ALFONSO, Eduardo. MARTÍNEZ ENMORADO, Virgilio. MORGADO RODRÍGUEZ, Antonio. "El Bajo Guadalteba (Málaga): espacio y poblamiento. Una aproximación arqueológica a Teba y su entorno". EXCMO. AYUNTAMIENTO DE TEBA-DIPUTACIÓN DE MÁLAGA. Málaga, 1995.

-https://historia-hispanica.rah.es/biografias/993-almanzor

-https://historia.nationalgeographic.com.es/a/almanzor-gran-caudillo-al-andalus-que-robo-campanas-santiago-compostela_25041

-MARTÍNEZ ENAMORADO, Virgilio. "Un espacio de frontera. Fortalezas Medievales de los Valles del Guadalteba y del Turón". Universidad de Málaga. 1997, Málaga.

-ORTIZ LOZANO, Francisco. “Historia medieval de la tierra de Málaga. Musulmanes y Cristianos en el valle de Ardales”. Historia del valle de Ardales – III : Baja Edad Media. Olibros – Edición del autor. Ardales, 2012.

-TORRES DELGADO, Cristóbal. "El antiguo reino nazarí de Granada. 1232-1340". Ediciones ANEL. Granada. 1974.




miércoles, 4 de febrero de 2026

CORTES DE LA FRONTERA-CASA DE PIEDRA-CAÑADA DEL REAL TESORO-TORRE DEL PASO-CORTIJO DEL ADALID-MIRADOR DEL CORCHO-CORTES DE LA FRONTERA

  "Si los hombres que habitan la Serranía de Ronda se decidieran a explorar las innumerables bellezas que atesora su tierra, la más romántica de la provincia de Málaga y acaso de Andalucía..."

Diego Vázquez Otero



Localidad de referencia: Cortes de la Frontera (Málaga)

EntornoValle del Guadiaro

TrazadoCircular

Duración7 horas

DificultadMedia

Distancia14,3 kms

Altura máxima690 m. s. n. m.

Altura mínima: 318 m. s. n. m.

Desnivel positivo: 495 m

Desnivel negativo: 495 m



CORTES DE LA FRONTERA

Cortes de la Frontera es un municipio perteneciente a la provincia andaluza de Málaga, al sur de España. Situado en las últimas estribaciones de la Serranía de Ronda, dominando el cauce del río Guadiaro a los pies de Sierra Blanquilla y Sierra de los Pinos. Lugar de asentamientos fenicios, musulmanes, judíos y por último los cristianos.

El corcho es la industria principal de Cortes de la Frontera.


El municipio de Cortes que conocemos en la actualidad es posterior a la conquista castellana, que desplazó su asentamiento desde las enriscadas alturas de la sierra a las proximidades del valle fluvial en la que se encuentra hoy en día.

El trazado actual de Cortes de la Frontera es de época moderna (siglos XVII – XVIII), sus calles principales son rectas y anchas. En la calle Real se encuentran la Iglesia Nuestra Señora del Rosario del siglo XVIII y el edificio del Ayuntamiento, de estilo neo-clásico de 1.784.

Emplazado en el Valle del Guadiaro, se halla mucho más romanizado que las vecinas tierras del Genal. Consta de un extenso término municipal y con una larga lista de lugares que ha arrojado restos romanos y hallazgos numásticos (disciplina que estudia monedas y medallas, especialmente las antiguas), sobresaliendo especialmente de la antigua ciudad romana de Saepo, mencionada por Plinio en la Beturia céltico-rondeña.

En 1.770, el ilustrado cura de Cortes, Francisco Xavier Espinosa, menciona en su obra la ubicación de Saepo y una serie de parajes con huellas de romanización: Castillo de Las Lomas, Majada del Alférez, La Campanilla, Hueco de la Purga, Puerto de la Barrida, El Tesorillo, Cortijo del Adalid, Las Corralas, Fuente de la Zarza, Cobatones, Piedras Pardas, Almendral, La Mimbre y Molino de Arriba.

En el término municipal de Cortes de la Frontera (de la Frontera, añadido por los castellanos tras su conquista), tiene tres importantes despoblados: por un lado, el ya mencionado Saepo, el despoblado andalusí del Peñón de Benajú y el más conocido, La Sauceda, mencionado por Vicente Espinel en su obra “El Escudero de Marcos Obregón” y por Miguel de Cervantes en su novela “El Coloquio de los Perros”.

También cuenta con dos pedanías a orillas del Guadiaro, la Cañada del Real Tesoro conocida como la estación de Cortes, y El Colmenar, conocido como la estación de Gaucín por su cercanía a dicha localidad.


Personas Ilustres de Cortes de la Frontera


Francisco Javier Espinosa y Aguilera

Francisco Javier Espinosa y Aguilera, conocido por “el cura de Cortes” es na persona que ha pasado desapercibida por la historiografía arqueológica malagueña. Se tiene conocimientos de sus labores de sacerdocio al frente de la iglesia parroquial de Cortes de la Frontera, así como sus estudios en el Sacromonte de Granada y su relación con la historia local, lo que le llevaría a ser uno de los primeros eruditos en atestiguar las ruinas romanas cercanas al término de Cortes de la Frontera. Sin embargo, la información se quedaba detenida en ese punto.

Era natural de Cortes de la Frontera, hijo de Antonio Espinosa y Aguilera y de María Pérez del Corral. No se sabe exactamente su edad, pues no se ha podido encontrar ningún documento que expresase dicha cifra, pero se sabe que era el hijo mayor del matrimonio con una hermana menor de nombre Sebastiana Rosalía y que nació en 1724, por lo que el nacimiento de Francisco Javier se podría establecer entre finales de la década de 1710 y el inicio de 1720.

La información de sus padres es breve, se sabe que vivieron en Cortes de la Frontera, donde criaron a sus hijos y se cree que eran miembros de una acomodada familia de hidalgos , con raíces en Benadalid. No obstante, hay una documentación notarial que nos advierte que uno de los tíos del padre, de nombre Antonio Agustín de Aguilera, aparte de licenciado, era beneficiado y cura de las iglesias de Benalauría y Benadalid.


Carrera eclesiástica


Desde pequeño fue educado en la religión católica y con la presencia de clérigos en la familia no tardó en declinarse para el sacerdocio, realizando los estudios de Teología en la abadía del Sacromonte de Granada, donde conoció a Cristóbal Medina Conde, con el que mantendría una estrecha amistad a lo largo de su vida. Desde su época de estudiante, fue un gran aficionado a las antigüedades y conocía mu bien a los autores clásicos latinos, lo que motivó un destacado gusto por la historia antigua y la arqueología, decidiendo ocupar su vida con algo más que las tareas del sacerdocio.

Para que Francisco Javier ascendiese al compromiso eclesiástico, sus padres fundaron una capellanía en 1735, debido a su vida pía y a la aplicación que estaba demostrando en sus estudios , lo que demuestra que en ese momento que estaba cursando y formándose en el Sacromonte.


La participación de Francisco Javier Espinosa y Aguilera en la ilustración del siglo XVIII


La amistad que tenía con Cristóbal Medina Conde, en su madurez, en la recogida de datos sobre Cortes de la Frontera, en respuesta a un cuestionario que el canónigo le remitió en 1773. Con la información obtenida de todas las parroquias, Cristóbal Medina estaba fraguando un Diccionario Geográfico Malacitano. Por desgracia, las respuestas de Espinosa se habían perdido, aunque Medina Conde utilizó sus datos en sus Conversaciones Históricas Malagueñas.


Arqueólogo y anticuario

A parte de su vida como clérigo, Francisco Javier Espinosa pasará a la historia como arqueólogo y anticuario, aunque esta última faceta no se conocen más evidencias que las expresadas por él mismo en sus cartas y donde señala la existencia de un pequeño museo donde alberga monedas, medallas, trozos de vasijas y vidrios de época romana, elementos que se llevo de un lugar conocido como Melonar y en la Dehesa de la Fantasía. Cerca de ese lugar, Espinosa hizo una excavación en la que encontró un sepulcro que tenía forma de arca, con ladrillos de un pie de largo, medio de ancho y dos dedos de grosor.


Últimas noticias sobre Francisco Javier Espinosa y Aguilera


Por desgracia no se ha podido encontrar el testamento de Francisco Javier Espinosa en los fondos de protocolos del Archivo Histórico Provincial de Málaga, en la que se formula dos hipótesis: que no hiciera testamento por una muerte repentina o, que su fallecimiento no se produjera en Cortes de la Frontera. También hay que tener en cuenta que en 1766 solicita a Madrid un puesto en cualquiera de las catedrales de Andalucía, reiterando dicha solicitud en 1771 e instando que le dé acomodo conforme a sus méritos. Pudo hacer testamento en Benadalid al igual que su hermana, que hizo tres testamentos, uno en Benadalid y dos en Cortes de la Frontera y todos se conservan, pero no existen evidencias en el Archivo Provincial de Málaga sobre documentos notariales en Benadalid.

En el Diccionario de escritores de Málaga y su provincia, sostiene con seguridad que Francisco Javier Espinosa y Aguilera vivió en la ciudad de Málaga en el último tercio del siglo XVIII. Aunque en el citado diccionario existen lagunas y errores cuando abordan la figura de Francisco Javier, por lo que la credibilidad del mismo es objetable. Cabe la posibilidad, de que en el ocaso de su vida, se retirara a un convento o monasterio, ya que no quedó constancia en ningún documento que estuviese al cuidado de su hermana.

Al igual que tampoco hay testimonio a la edad que muere Francisco Javier Espinosa y Aguilera. La figura de su hermana y la documentación de la misma nos da una pista de la fecha de su nacimiento como la de su muerte. Como habíamos comentado antes, su hermana Sebastiana Rosalía nació en 1724, y era menor que su hermano Francisco Javier, por lo que el nacimiento de él estaría entre finales de la década de 1710 y principio de la década de 1720.

En cuanto a su defunción, la documentación advierte que a inicios de 1780 ya era anciano, siendo la última referencia documental es de finales de 1781, momento en el que manda el famoso mapa de Cortes de la Frontera al cartógrafo Tomás López. Sin embargo, cuando su hermana realiza su primer testamento en 1787, atestigua que su hermano había fallecido. Por lo que su muerte podría rondar en torno a los 60 o 70 años.


José Serrano Valdenebro


Don José Serrano Valdenebro. Nació en Cortes de la Frontera el 5 de noviembre de 1743. Sus padres, José Serrano Arjona y Francisca Valdenebro y Ruiz. En 1759 ingresó en el Ejército, donde desarrolló toda su carrera.

El 1 de marzo de 1810 se produjo su nombramiento por las partidas patriotas de la zona oriental a jefe de escuadra, mando militar de la Armada que en aquella época era equivalente al mariscal de campo en el Ejército de Tierra, o vicealmirante en términos modernos. Aunque en un primer momento fue aupado por los serranos, la Regencia no tuvo más remedio que ratificar su nombramiento veinte días después. El mismo Valdenebro lo relata así: “Quando la madrugada del 1 de marzo se oyó un gran ruido a las puertas del chozón llamándonos. Era una multitud de paisanos, gente principal de Gausín, Cortes y otros pueblos, en legación para que tomase el mando de la Sierra, sometiéndose de acuerdo a mis órdenes...”


Puesto que con el tiempo se vio obligado a dejar por cuestiones de salud: “quebrantadísima salud y el ningún recurso que me quedaba por obrar, me obligó, con la maior amargura, abandonarlo todo y dirigirme a Cádiz para tomar mi partido a presencia de la superioridad”.


El regreso de José Serrano Valdenebro al mando de las partidas en la Sierra


Fue Pedro Surga Cortés el que había ejercido como comandante en jefe de la Sierra hasta mediado de octubre, la Regencia ya había nombrado el 24 de agosto de nuevo a jefe de escuadra a Serrano Valdenebro como comandante en jefe de la Serranía de Ronda “debiendo estar todas las expresadas partidas a sus órdenes y obedecerlas sus comandantes, eso sí, sin perjuicios de las facultades competentes al comandante general del Campo de Gibraltar, que quedan íntegras en todas las demás”.


El 6 de marzo de 1814 fallece en Cartagena, Murcia.



Iglesia de Nuestra Señora del Rosario

Ayuntamiento de Cortes de la Frontera.




   Interesante y completa la ruta que propuso la amiga y gran senderista María José para el Club de Senderismo y Montaña Comando Preston. Una ruta que ya se ha propuesto en varias ocasiones pero que siempre apetece ir por el lugar tan estratégico que se encuentra. En el término municipal de Cortes linda el Valle del Guadiaro, el Parque Natural Sierra de Grazalema y el Parque Natural Los Alcornocales.
   Comenzamos la ruta al lado del restaurante Los Alcornocales que esta a la entrada de Cortes de la Frontera si se viene desde Benaoján, caminando por sus calles y visitamos el Parque de Las Camaretas y desde hay enlazamos con el sendero que baja a la Cañada del Real Tesoro (estación de Cortes). Antes de llegar a la Cañada del Real Tesoro pasamos por la Casa de Piedra, que fue una ermita paleocristiana, que eran construidas por los cristianos bajo el dominio musulmán.








Entrada a la Casa de Piedra.

      Llegamos a la Cañada del Real Tesoro en la que visitaremos La zúa. Desde la llegada del ferrocarril a finales del siglo XIX se le empezó a conocer  como la estación de Cortes. Se puso en funcionamiento el 24 de noviembre de 1892. Es un buen lugar para los amantes de la pesca, senderismo, observación de aves, paseos a caballo y fotografía entre otras muchas. Durante siglos fue un camino de pastoreo, de hay el nombre de "Cañada Real". Lo de adjuntar "Tesoro" se debe ha que hay una leyenda de cuando vivían los musulmanes, pues apenas 1 kilómetro hay los restos de un poblado nazarí, que tras la reconquista los musulmanes que no se quisieron quedar bajo el domino castellano partieron a toda prisa para tierras africanas portando solo lo que podían llevar dejando escondido los tesoros que no se pudieron llevar consigo con la intención de volver a por el tesoro, pero nunca volvieron.





El río Guadiaro a su paso por el Área Recreativa de la Zúa.



      Llegamos al Puente de la Pepa, donde subimos por un camino en el que cruzamos la vía del ferrocarril y después una angarilla para llegara la Torre del Paso. Antes de llegar hay un tramo complicado por lo cerrado de la maleza y bastante barro si ha llovido los días anteriores, pero es un tramo que le da aventura.




Torre del Paso.
    Construcción de época musulmana para controlar el paso de animales y personas.




    Una vez que disfrutamos del almuerzo junto a la Torre del Paso, seguimos el camino hasta llegar al Cortijo del Adalid y el Mirador del Corcho junto a la carretera de Cortes de la Frontera a Ubrique. Y por un sendero que va paralelo a la carretera hasta el Puerto Blanco que va se separa y va más directo a Cortes. 





Bibliografía:


-Rodríguez Calvente, José María. “Erudicción en la Serranía del XVIII. Aproximación a la biografía de Francisco Javier Espinosa y Aguilera”. Anejos de Takurunna. Anuario de estudios sobre Ronda y la Serranía. Número 3. Editorial La Serranía. Instituto de Estudios de Ronda y su Serranía. Real Maestranza de Caballería de Ronda.


-Martínez Enamorado, Virgilio. Chavarría Vargas, Juan Antonio. “Toponimia Mayor de la Serranía de Ronda”. Primera edición: diciembre de 2010. Editorial La Serranía, S. L. Ronda (Málaga).


-Siles Guerrero, Francisco. “Las Partidas de Guerrilla en la Serranía de Ronda. Durante la Guerra de la Independencia. Mito y Realidad Histórica (1810-1814)”. Primera edición: marzo de 2015. Editorial La Serranía, S. L. Alcalá del Valle (Cádiz).


-https://historia-hispanica.rah.es/biografias/42243-jose-serrano-valdenebro