lunes, 3 de junio de 2024

GEORGE ALEXANDER HOSKINS (1802-1863)

...a nuestra izquierda un pueblo llamado Benadalid, con un castillo moro junto a él, mejor construido que la mayoría de las fortalezas de su género.




 Fecha del viaje: 1851

Spain, as it is

Londres, 1851

Nacido en Higham, Inglaterra en 1802 y falleció el 21 de noviembre de 1863 en Roma, Italia. Es el segundo hijo George Hoskins y su esposa Mary Alison, de Liverpool. Se formó como abogado en el Inner Temple entre los años 1837 y 1840. Visitó Egipto y Nubia en los años 1832 y 1833. Llego a conocer a Francis Arundale, Fredeick Catherwood, Joseph Bonmi y Robert Hay, este último tenía una casa en Qurna dónde Hoskins se hospedó y dejó una inscripción.


Su obra "Spain, as it is", un trabajo en dos volúmenes reflejo de su viaje por España, con bastante detenimiento en los museos de arte, en especial en el Real Museo de Madrid. George A. Hoskins debía su conocimiento de la cultura española de fuentes como "History of Spanish Literature" de George Ticknor (1849) y los "Annals of the Artists of Spain"  de William Stirling (1848).



Llega a España desde Inglaterra en compañía de su criado y de una mujer de la que guarda su identidad. Su devoción por el arte le lleva a visitar cuantos museos encuentra a su paso, incluso un inventario hace un inventario de los cuadros que aquellos contienen.

Se extravían por el camino tomando un sendero equivocado y solitario, el cuál le llevan a Carratraca sin proponérselo, que comparándola con Málaga le parece un lugar frío, incluso en verano. Debe su forma a los baños de hidrógeno sulfatado. El agua mantiene una temperatura de 17,5 grados y gozan de un gran prestigio en Andalucía. De tres a cuatro mil extranjeros suelen frecuentarlos todos los años. Con las aguas termales del manantial riegan las tierras del cultivo, produciendo excelentes cosechas; sin embargo, un hecho que disgustan a los forasteros que alquilan las casas en el pueblo, ya que no tienen en cuenta que la tierra filtra las impurezas y se niegan a comer las verduras que han sido fertilizadas con las aguas que ha resbalado antes por la piel enferma de las personas.

Después de hacer noche en Carratraca, reanudan el viaje a las 6 de la mañana y se dirigen a Ronda, pasando, sin detenerse, por Ardales, Ortegícar y Serrato. Sobre las 17 horas llegan a Ronda. Habla, en general, de los habitantes de la Serranía aclara que desde la dominación árabe ya tenían fama de ser los más activos, fuertes y belicosos de todos los españoles y que sus descendientes siguen conservando parte de ese carácter.

En Ronda permanece apenas una tarde, aunque dicen que lo han visto todo. A la mañana siguiente prosigue la marcha, pero antes de salir visita el mercado en plena actividad. A última hora de la mañana llegan a Atajate, desde donde contemplan una espléndida vista del Valle del Genal. Después pasan por Benadalid, de la que comenta:

   A las dos y media dejamos a nuestra izquierda un pueblo llamado Benadalid, con un castillo moro junto a él, mejor construido que la mayoría de las fortalezas de su género. Es una edificación de masa cuadrada, situada sobre una colina que se proyecta sobre el valle, con una torre redonda en cada ángulo, defendido por otra, en el centro, sobre la entrada. La situación del castillo y pueblo es muy pintoresca, en un rico y fértil valle y rodeado por un espléndido anfiteatro de montañas; algunas cubiertas de árboles y maleza y otras con el tinte grisáceo de la esterilidad.


Continúan el viaje y divisan Gibraltar:


   La vista era muy hermosa. El valle tachonado de pueblos pintorescos, el mar Mediterráneo, en calma como un lago y África después, con las viviendas de Ceuta perceptibles bajo el sol reluciente. Era  imposible resistirse a la idea de que la pequeña roca de Gibraltar formaba parte de las montañas que estábamos atravesando. No es extraño que los españoles envidien nuestra posesión ya que es un pedazo de su tierra.




Reanudan el viaje y llegan a Gaucín a las 17 horas y pasan allí la noche. Sobre los campesinos que se encuentran trabajando, opina de ellos: "son educados, respetuosos y atentos, si estaban comiendo, invariablemente, con la misma deferencia para el forastero que en los países del Este, nos pedían que nos uniéramos a ellos".

En sus últimas líneas del relato, antes de llegar a San Roque, Hoskins se las dedica al Valle del Guadiaro:

    Es estrecho y muy hermoso; lleno de huertos de naranjos, cargados de frutos, que perfuman el aire con sus flores. Como la carretera no abandonaba el valle, tuvimos que vadear el vasto río unas veinte veces. Ancho lo llamo para España donde, con buen tiempo, rara veces son más grandes que los nuestros ingleses. El Guadiaro aparecía a menudo entre treinta y sesenta pies de ancho; pero el agua nunca sobrepasó las rodillas de nuestros caballos. El valle pronto se ensanchó. Dejamos su corriente y cabalgamos por fructíferas tierras vestidas de pródigas cosechas de trigo y lino.


Bibliografía:

GARRIDO DOMÍNGUEZ, Antonio. "Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda. El camino inglés". Editorial La Serranía SLL. Ronda, Málaga. Julio 2016.


https://www.museodelprado.es/aprende/enciclopedia/voz/hoskins-george-alexander/7cf95af9-36b7-43b3-83be-ad1a0a228703


http://www.griffith.ox.ac.uk/gri/4hoskins_morkot.html

sábado, 20 de abril de 2024

SAMUEL EDWARD COOK WIDDRINGTON (1787-1856)

 Más arriba, en las más inaccesibles cumbres de la Serranía, existe una especie que no he podido clasificar y que solamente conozco por las vagas descripciones que me dieron los nativos, sin tiempo ya para visitar el lugar. Crece en los alrededores del San Cristóbal y en la Sierra de las Nieves. Por los datos que tengo podría tratarse del pino silvestre.

Samuel Edward Cook Widdrington


Fecha del viaje: 1829

Sketches in Spain during the years 1829, 1830, 1831 and 1832

Londres, 1834

Nacido en el año 1787, falleció el 11 de enero de 1856. Militar inglés que ostentaba el cargo de capitán de navío. Habiendo servido en la Royal Navy.

Tenía pasión por España, la que recorrió durante un periodo de tres años, desde 1829 a 1832. Hijo de unos padres acaudalados, había abandonado el puesto de capitán de navío cinco años antes de su viaje a España. En 1840, adoptó el apellido de su madre, Widdrington.

No era el conocido capitán Cook (1728-1779), el descubridor de Australia.

Llegó a España en el mes de octubre de 1829, pero no entró por Gibraltar como la mayoría de sus compatriotas, sino que lo hizo desde Bayona, en diligencia se dirige a Córdoba, Granada, Málaga y Ronda. Tan grande es su deseo de llegar a Andalucía que su estancia en Madrid es mínima. Su obra fue muy valorada, siendo uno de los objetivos el de sacar a la luz la verdadera realidad de España, bastante falseada por los trabajos de algunos escritores románticos, más interesados en pintarla superficialmente y a la ligera que en descubrir su verdadera esencia.

Su primer contacto con la Serranía de Ronda, después de visitar Málaga, es cuando llega a Yunquera. A la escasez de posadas o de otra edificación destinado al mismo fin, consigue encontrar alojamiento en casa de un militar retirado.

S. E. Cook parte desde Ronda a Sevilla para continuar su viaje. El otoño de ese mismo año fue muy lluvioso, lo que dificultaba mucho el trayecto por estar el terreno enfangado y los ríos crecidos. La dificultad de cabalgar era mayor, si no se disponía  de buenos animales. Echa en falta unos buenos caballos, escaseaban después de la Guerra de Independencia apenas dejó alguno vivo. Su gestión en Ronda fue a manos de José Zafrán, experto guía, para que lo acompañe a Sevilla con un caballo de los de antes, gestión que retrasaría un día su salida.

Algo que le sorprende a Samuel E. Cook es la inusual rapidez con la que los andaluces entablan amistad con los desconocidos, con un "Dios guarde a usted" y continúa cada uno dando cuenta de su lugar de procedencia y adónde se dirige. Con conocimientos mutuos tan escasos y tempraneros se levantan relaciones tan fuertes que llegan a durar toda la vida, ayudando en la próxima ocasión que se encuentren, en el lugar que fuere, se traten como viejos camaradas.

Por la necesidad de no viajar solo, se suele contratar a un mozo o un guía, señal de que no va a faltar ni diversión ni chismorreo durante todo el trayecto. En general, el interés de los mozos por encontrar compañía es tal que a escondida de los que los contratan para que le sirvan de guías suelen perderse por las posadas para tratar de enterarse de qué viajeros llevan las misma ruta e intentar unirse a ellos.

Sobre el mozo que guía a Cook Widdrington, tan enfrascado anda en conversaciones con unos y otros de sus recientes compañeros que, para disgusto del inglés, se olvida de detenerse en el pueblo donde tenían previsto comer.

Para Samuel E. Cook dice que los caballos de la Serranía de Ronda siempre tuvo fama de ser una comarca en la que se criaban unos caballos excelentes a los que llaman "serranos"; sin embargo, la práctica de su cría, por desgracia, ha desaparecido. Pérdida lamentable que también se a extendido en otras regiones, y en la que el Gobierno trata de poner fin, pero con escasa fortuna. "Se publican edictos, se ofrecen recompensas y se imponen sanciones a los criadores de animales de inferior raza, pero sin resultado".

También considera que a la mula no se apreciaba en su justo valor a los que, sin argumentos, se les tacha de falta productividad.

El inglés es el primer viajero que destapa el bosque de pinsapos con estos términos:

En la Serranía de Ronda acaba la sección sur de bosques. En los barrancos y cursos de los ríos se encuentra el pino pinastro, que se utiliza en Marbella para fundir el mineral de hierro. Mezclado con él, pero en terrenos más bajos se halla el halipensis, y en la parte oeste, el pino de piñas. Más arriba, en las más inaccesibles cumbres de la Serranía, existe una especie que no he podido clasificar y que solamente conozco por las vagas descripciones que me dieron los nativos, sin tiempo ya para visitar el lugar. Crece en los alrededores del San Cristóbal y en la Sierra de las Nieves. Por los datos que tengo podría tratarse del pino silvestre.





BIBLIOGRAFÍA:

-GARRIDO DOMÍNGUEZ, Antonio. "Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda. El Camino Inglés". Editorial La Serranía. Ronda 2006. Málaga.

-https://castajijona.blogspot.com/2010/10/samuel-edward-cook-intelectual-ingles.html



domingo, 31 de marzo de 2024

RICHARD FORD (1796-1858)

 Todos mis amigos de Gibraltar me aconsejaron vivamente que no me aventurara a volver a territorio español. No les hice caso y me dirigí a Ronda, a través de una región salvaje y montañosa, llena de contrabandistas y bandidos (aunque uno no implica lo otro).


                



Fecha del viaje: 1832

The Letters of Richard Ford (Las Cartas de Richard Ford). 

Londres, 1908

   Nacido en Londres el 21 de abril de 1796 en el seno de una familia aristocrática. Gozó de una educación selecta, acorde a su inteligencia y amplia fortuna de sus progenitores. Estudió en Winchester y en el Trinity College de Oxford. De su madre heredo la pasión por las artes, mientras que la de conocer España se forjó con la contemplación de las pinturas de la escuela española, Zurbarán, Ribalta y Velázquez, que su familia poseía. En 1824 contrajo matrimonio con Harriet Capel, hija del conde de Essex, el cual había sido amigo íntimo de su padre. Tuvieron seis hijos del que solo sobrevivirán dos hijas y un hijo, el futuro diplomático Sir Frances Clare Ford. Su viaje a España fue de forma indirecta, la frágil salud de su esposa hizo buscar un clima más benigno y precipitó su viaje a España, a la que que llegó en 1830, en 1837 su esposa falleció. Sus amigos le aconsejaban diferentes ciudades como residencia: el cónsul británico en Málaga y Washington Irving, que se alojara en el mismo recinto de la Alhambra en la que él estuvo durante su estancia e Granada. Finalmente optó por Sevilla.

   Con sus trabajos Handbook for Traveller in Spain (Manual para el Viajero por España), y Ghathering from Spain (Cosas de España: el país de lo imprevisto), alcanza su techo en las guías de viaje. En 1839, Ford volvía a residir en Inglaterra, ya había recorrido cada palmo de España y tomado miles de anotaciones en la libreta que le acompaña en el viaje. Un día estaba cenando en su casa con la compañía de John Murray II, y en el transcurso de la cena, Murray le pidió que le recomendara una persona para escribir una guía de viajes sobre España. "Lo haré yo mismo", le contesto Ford (R. E. PROTHERO, The Letters of Richard Ford, New York, 1905, p. 173.). Se acordó un plazo de un plazo de seis meses que se alargaría hasta cinco años, y aunque olvidado por Ford el proyecto, una vez acometido, pasó semana tras semana pegado a su escritorio de trabajo. El éxito, para una guía que más que seguir la línea tradicional de éstas, se adentraba en el campo de una enciclopedia. Se vendieron cerca de 1400 copias en tan solo tres meses, algo fuera de lo común en esa época.

   Para su presentación ante la sociedad sevillana, Ford trae consigo varias cartas de recomendación para gobernadores y grandes de la ciudad, entre ella una muy especial del duque de Wellington para su amigo, Pedro Agustín Girón (el General Girón y Marqués de las Amarillas, hijo del rondeño Gerónimo Girón y Moctezuma, Marqués de las Amarillas).

   A través de la correspondencia, va conociendo, poco a poco,  que la audacia del bandolero José María alias "el Tempranillo" con acciones de lo más inverosímil, no tiene límites ni tratándose, como es el caso de asaltar y secuestrar  a un grupo de militares. Lo comenta en una carta fechada el 11 de enero de 1832:

   Aquí, el tiempo es de lo más delicioso, soleado y balsámico. El invierno ha desaparecido. Estoy pensando en ir de caza con Martín y Edén, sin tener que temer la aparición de José María. Comprendo que los oficiales raptados cerca de Gibraltar pagaran el rescate. Para otra vez mejor harían cruzando a África, donde la cacería, los viajes y, desde luego, todas las comodidades de la vida civilizada se consiguen más fácilmente que en España.

   José María ha ofrecido a Quesada (Capitán General de Andalucía) que renunciaría a sus correrías a cambio de un perdón seguro. Sospecho que ha delegado la férrea voluntad de su vocación a un segundo, un tal Juan Caballero. Me lo ha referido Quesada, quien ha añadido que él no ha hecho ningún caso a sus peticiones.

   De una forma u otra, la figura del bandolero sigue dando vueltas alrededor de Ford, aunque sea a través de algunas de sus víctimas. Lo refleja en la carta con fecha de 1 de febrero de 1832:

   Hemos recibido la visita de tres oficiales de la guarnición de Gibraltar; dos de las cuales, eran del grupo que José María llevó prisionero a las montañas. Ahora ha querido robarles otra vez y al entenderse de que estaban en Jerez, atracó ayer la diligencia pensando atraparlos; pero para sus suerte, éstos habían hecho el trayecto en barco. La verdad es que ahora corren gran peligro los viajeros ingleses sabiendo que éstos pagan formidables rescates.


   A finales de febrero de 1832, Ford inicia en solitario un viaje a caballo en solitario por el sudeste con el objetivo de conocer las poblaciones de Tarifa, Algeciras, Jerez de la Frontera y Ronda. Las siguientes líneas forman parte de la carta escrita a idéntico destinatario que las anteriores, también desde Sevilla, fechada el 31 de marzo de 1832:


Desde la última vez que te escribí he estado recorriendo las montañas de Ronda, sin haberme tropezado con el temido José María. Fui primero a nuestro consulado en Cádiz, a ver las pinturas y beber el vino de allí, ambas estupendas cosas de buen gusto. Luego por Vejer a Tarifa para ver el castillo de Guzmán el Bueno, y los ojos de las mujeres tarifeñas. Van como las tangerinas, cubriendo sus rostros con una manta negra; sus ojos negros brillan y te asaetean como un dardo...

   Todos mis amigos de Gibraltar me aconsejaron vivamente que no me aventurara a volver a territorio español. No les hice caso y me dirigía a Ronda, a través de una región salvaje y montañosa, llena de contrabandistas y bandidos (aunque uno no implica lo otro). El viaje a caballo fue sorprendente. Las ciudades de nombres moros, colgadas como nidos de águilas en pináculos casi inaccesibles. La verdad es que son todavía moros hablando español. Ronda con su tajo o grieta, entre la parte antigua y la moderna. Sin duda vale la pena que te roben si con eso puedes contemplarla.

   Desde aquí a Jerez a través de Grazalema, el reino de José María y sus contrabandistas. Tuve aquí una larga entrevista con Frasquito de la Torre y sus once bandidos. Ahora son todos hombres de bien, indultados y en persecución de los malhechores. Se han propuesto limpiar Andalucía de ladrones, una mala hierba de la que nunca se verán libres todos los armados agricultores de Europa. Formaban un pintoresco grupo de bien vestidos majos. No obstante, llevo una escolta de seis soldados que me ha proporcionado el general Monet,  que habrían hecho frente a cualquier enemigo; pero de todos modos, se han portado civilizadamente conmigo, dándome vino y presentándome a sus mujeres que no sin tan guapas como nuestras sevillanas.

   La mención de José María, con la que Ford establecerá una relación especial, empieza a ser frecuente en sus cartas. Llegó a utilizar expresiones cómo "prefiero encontrarme mejor con José María que con el cólera", este último le impidió realizar algunos de sus recorridos por España.

   En otra carta escrita en Sevilla con fecha el 1 de agosto de 1832, en la que le cuenta la muerte de unos de sus hijos, el cuál enfermó tras una caída en la Alhambra, vuelve a contar cosas de José María y de su salto de salteador de caminos a persona respetada:

   José María es ahora un hombre de bien, viviendo jubilado como un caballero honrado, retirado de una profesión industriosa y honorable, disfrutando del otium cum dignitate, la rica recompensa a su meritorio trabajo a su meritorio trabajo  en Estepa. Por un amplio indulto han sido recibidos en sociedad como honrados españoles. Las carreteras son, en consecuencia, de momento, bastante seguras, en tanto que continúe la inestable virtud de estos caballeros.


BIBLIOGRAFÍA:

-GARRIDO DOMÍNGUEZ, Antonio. "Viajeros del XIX cabalgan por la Serranía de Ronda. El Camino Inglés". Editorial La Serranía. Ronda 2006. Málaga.

-Varias fuentes de Internet.

domingo, 18 de febrero de 2024

FRANCISCO FLORES ARROCHA alias "ABOGADO DE SECANO"

 "A tales tierras, tales hombres. Unos y otros primitivos."

Florentino Hernández Girbal


   En la década de 1930, al igual que en décadas anteriores, en los pueblos de la Serranía de Ronda la vida cotidiana era muy dura, una vida mísera en unas tierras inhóspitas. Girbal lo describe de la siguiente manera: "...en cuyas inmediaciones sólo se comprendía la existencia del corzo y de la cabra montés, vivían personas. Costaba trabajo creerlo, pero allí estaban. Y en contra de lo que podía esperarse crecían sanos y hasta fuertes".


Fuenfría Alta, lugar dónde se cometieron los hechos.







   Circunstancias que, a dichas personas, además de crecer sanos y fuertes también se caracterizaban por su extraordinaria viveza. Siempre al acecho para caer con rapidez sobre cualquier cosa que les permitiera sobrevivir. Con las mismas ocupaciones que sus ancestros hace trescientos años con rebaños de cabras y ovejas, otros tundían y trazaban esparto, el cultivo y cortaban y quemaban árboles para hacer carbón.

   Allí nadie sabia leer. Los más afortunados únicamente podían juntar con trabajo las letras. La mayoría de las personas ignoraban el día, el mes y el año en el que vivían. Muchos desconocían su edad. Se alimentaban de pan negro, patatas cocidas y de vez en cuando tocino. Los garbanzos era un manjar. El chocolate sólo lo probaban cuando enfermaban. Y si la vida se le escapaba por momentos, como último y exquisito bocado le daban pan blanco. Sólo en aquel supremo instante comían de él hasta hartarse. También se decía que si en casa de un pobre entraba un jamón, el jamón estaba malo o en la casa hay un difunto. También se de decía que en Igualeja solo se veía calcetines los días que el alcalde, de vez en cuando, iba a Ronda. Sin embargo hay ricos.

   En las noches largas y gélidas de invierno, apretados en los rústicos camastros, surgía el amor salvajes e incestuoso. La hermana se quedaba embarazada del hermano o la hija del padre. Y el crío vivía o moría según la circunstancias.

   En ocasiones se llegaba al crimen por desesperación del momento por el que se esta viviendo. Como le sucedió a una mujer conocida por el sobrenombre de "la Rijada". Vivía en una choza, junto al río, sin marido, madre de seis hijos pequeños y su padre muy anciano, medio paralítico y ciego. Todos a su cargo. Tras varios días lloviendo en el mes de abril se inundaron las tierras, quedando borradas las trochas y veredas. El agua crecía y crecía. La familia se quedo aislada. Al tercer día se quedaron sin pan. Pasaron dos días más sin probar bocado alguno. Los niños hambrientos, clamaban sin cesar:

   -¡Pan, madre, pan!

   Y el padre les acompañaban, cargante:

   -¡Pan, hija, pan!

   A los pocos días, la mujer, empujada por aquellos lamentos que hora tras hora llenaban la choza, se echó decidida al agua. En varias ocasiones estuvo a punto de ahogarse. Consiguió, al fin, llegar a un caserío y compró dos panes. Apretándolos feliz contra su pecho emprendió el regreso. Cuando estaba cerca de su casa, se apresuro para llegar cuanto antes y así calmar el hambre, pero a punto de ganar la orilla, los dos panes se les escapo de entre sus brazos hasta caer en el agua y, se alejaron arrastrado por la corriente.

   Con las ropas chorreando "la Rijada" entró en la casa y se acurrucada en una esquina impotente y llorosa. Sus hijos la rodearon. Miró entre lágrimas los ojos implorantes y escuchó de sus labios las mismas palabras:

   -¡Pan, madre, pan!

   El abuelo, con voz afligida, repetía:

   -¡Pan, hija!...

   Pasaron lentísimas las horas sin que ni unos ni otro callaran. Al caer la noche y el cansancio durmió a los niños. Pero su padre, no. Incansable, sollozaba:

-¡Pan, hija!

Ella se tapó los oídos para no escucharle. También se sentía devorada por el hambre, pero sufría en silencio sus dentelladas. La petición del padre, que no podía satisfacer, siguió sonando en toda la choza. Las dos palabras se le clavaban lentamente como dos agudos puñales en la mente. Hasta tal extremo es su desesperación que hasta se olvidó de su propia hambre. Lo que más quería en ese preciso momento era no seguir oyendo la voz implorante y torturadora del anciano padre. De pronto se levanto. Enloquecida, buscó el martillo de tundir el esparto y se acerco al anciano.

-¡Pan, hija!-murmuró.

Alzó la herramienta y le golpeó en la frente con todas sus fuerzas. El deteriorado anciano vaciló en su asiento y dejó caer un gemido. Un hilo de sangre empezó a resbalarle por el rostro, abriéndose paso por sus arrugas. Moribundo aún pidió con un hilo de voz:

-¡Pan...!

No llego a tiempo de decir "hija" al igual que en otras ocasiones. Le golpeo una segunda vez y le hizo enmudecer para siempre. Y allí se quedo sin vida, desangrándose. Ya era uno menos a pedir pan.

Durante muchos años en los pueblos de la serranía se produjeron hechos dramáticos. Hechos  que se iban deformando cuando iba avanzando de boca en boca. Y de algunos de ellos salían los bandidos que posteriormente iban a la protección de la sierra y con ellas se fue escribiendo las historias trágicas de la Serranía de Ronda. Luchando en contra del orden establecido he imponer su propia ley. Hubo muchos, pero ninguno de ellos llego a la talla y a la forma de José María "el Tempranillo" o de Diego Corriente. Por lo general fueron hombres de pocos arrestos y escasa inteligencia que supieron hacer, a lo largo de su corta vida más derroche de crueldad que de honor y valentía.

Sobre los habitantes de Igualeja en Ronda decían: "Los de Igualeja todos iguales, todos iguales".

Aunque era generalizar, porque en el pueblo había pastores, contrabandistas, labradores y arrieros. Se dice que el nombre de la villa se debe, curiosamente, tras pasar a manos castellanas, de haberse repartido por igual entre los repobladores cristianos. Situado en lo mas profundo de un barranco, justo a orillas del espectacular y considerado nacimiento del río Genal. Sus casas de hasta tres y cuatro plantas, extraño en esta parte de la Serranía, alzándose al cielo como los árboles en busca de la poquita luz y claridad que allí penetra. El puente que cruza el río divide al pueblo en dos barrios: el Barrio Bajo y el Barrio Alto o de Santa Rosa.

   Francisco López García, antiguo alcalde de Igualeja, escribió una novela "La maldición de los Caileres" en el año 1983, describió al pueblo y sus vecinos, aunque simulado su nombre por el Jereña, escribía lo siguiente:

   El pueblo no tenía horizontes, la montaña se le caía encima, lo aplastaba. Por eso decía el reverendo, medio en broma, que estas gentes, tenían pocas luces. Y es que, en verdad, en Jereña charlan, pelean, y discuten hombres y mujeres, porque la vida le extraen de la sustancia de la tierra. La posesión de una pequeña parcela, un castaño, la encina lindera, son motivos suficientes para odios de años. Se lleva el sufrimiento a cuestas.

   En Igualeja vio nacer a dos conocidos bandoleros. A "el Zamarra" y Francisco Flores Arrocha, del que nos ocupamos en esta ocasión. Flores Arrocha en su niñez vivió los horribles crímenes del "Zamarra" y su teniente "el Niño", ambos de Igualeja, y éste último el brazo ejecutor de las ordenes de su jefe y tío de del futuro y temible bandolero Flores Arrocha, nacido en 1896.

   Era el verano de 1931, entre los vecinos de Igualeja había uno de baja estatura, rubio, muy escurrido en carnes y bastante ágil. No bebe, ni tampoco fuma y era de poco comer. En cuanto a las mujeres, era un sultán cuentan los vecinos y con la escopeta no era muy diestro. De nombre Francisco Flores Arrocha de 35 años de edad, casado con María Gil González, con la que tiene cinco hijos: Pedro, Francisco, Antonio, Isabel y María, esta última cuando su padre andaba por la sierra.

En Igualeja a Flores Arrocha y a su familia los llaman "los Periquitomarqués", pues calculan que tienen cinco mil duros por las ventas de un rebaño que había robado. Su madre, "la Marquesa" es como la llamaban, una mujer cargada de arrugas, vivía en una casucha de lo más pobre sin más muebles que su camastro y abrazada a una lata, que antaño contenía pimentón y ahora varios miles de pesetas, o tal vez no pase de una fantasía.

    Digamos que en Igualeja no goza de buena fama Flores Arrocha, y en cuanto pueden le huyen. Aunque no hay quien lo pruebe, le acusan junto a su padre de la muerte del alcalde Juan Macías, hecho que ocurrió hace unos años. La mayoría de los vecinos evitan tener discusión con él y esto le hace crecerse. Pero no todos se dejan amedrentar a su voluntad. En varias ocasiones hubo denuncias en la Guardia Civil, las cuales llegaron hasta el Juzgado.

   Aunque nunca a sabido juntar algunas letras para formar palabra alguna, es bastante espabilado y de verse tanto entre abogados y jueces dicen que sabe tanto de ley como el que la hizo, lo que le lleva a tener maña para defender su derechos y para mermar la de los demás. A muchos sabe confundir con su palabrería. Sostiene con aparentes razones, sutiles argumentos que sólo le dicta su mala fe y su egoísmo. Se gano el apodo de "abogado de secano".

   Como su ambición no ve horizonte, se le antoja a poseer más tierras y en el mes de otoño de 1931, se le mete en la cabeza la idea de hacer suya la finca de su suegro Salvador Becerra. Llama la atención, que los apellidos de la esposa de Flores Arrocha, María Gil Gonzáles no coincide con los apellidos de su padre, Salvador Becerra. Girbal, en su trabajo "Bandidos Célebres Españoles" expone que se ha informado en un gran número de fuentes periodísticas y en todas aparece con el nombre de Salvador Becerra y en cambio, en la partida de defunción de Flores Arrocha, se dice que el nombre de la esposa es María Gil González. No coinciden los apellidos. ¿Becerra podría ser un apodo?. Lo hubiera aclarado la partida de casamiento de Flores. Fue a Igualeja en el archivo parroquial como en el Registro Civil, pero ambos resultaron destruidos durante la Guerra Civil entre los años 1936-1939.

   En Igualeja, ya se conoce y se habla sobre las intenciones de Flores Arrocha de comprarle la finca a su suegro.

   -A Flores no le vende Salvador la finca.

   -Se la vende a un primo suyo, según dicen.

   -Si eso es verdad, Flores los mata.

   -¡Y tanto!

   -Hasta la mujer lo asegura.

   -Un cabrero de Parauta le ha visto ante de anoche rondando la Fuenfría.

   -Eso hará carne.

   -¡Y pronto!

   Lo conocen bien y aciertan con el pronostico.

   La finca en cuestión esta situada en la Fuenfría Alta, en la Sierra de las Nieves, lindando con el Valle del Genal. La Fuenfría, además también se encuentra dividida entre los términos de Ronda e Igualeja. Lo que da a que exista la Fuenfría Alta y la Fuenfría Baja, situadas en Ronda e Igualeja respectivamente.


Fotografía sacada del libro "Bandidos Celebres Españoles". Girbal


   Cabizbajo y sombrío camina durante largo tiempo por las calles de Igualeja. Él no ha sido de los que bebe, pero las circunstancias le lleva a entrar en varias tabernas y apura bastante las copas, después de ir por las calles de Ronda de abogado en abogado para ver cuál de ellos le daba la razón a su idea. En todos recibía la misma respuesta:

   -Si su suegro no le quiere vender a usted la finca, no se la venderá. Nada ni nadie le puede obligar a ello.

   Con el tiempo, las presiones de Flores Arrocha por hacerse  con la Fuenfría Alta, se convirtieron en amenazas: O es mía o no es de nadie.

   Se aprovisiona de cartuchería, tocino y pan en Ronda. A primera hora de la tarde regresa a Igualeja. Camina apacible, mientras va meditando amenazador su proyecto. A su espalda lleva una vieja escopeta y un zurrón serrano de piel de cabra en la que ha guardado sus compras. Viste con una tosca camisa, pantalón de pana y un zamarrón gris. Calza unas alpargatas de esparto y cubriéndole la cabeza una gorra de orejeras que le caen sobre las mejillas y con barba de varios días. Sin saber que aquella va ser su mortaja.

   En el camino se cruza con un vecino del pueblo, que le pregunta:

   -¿Dónde vas tan armado, Flores?

   -A pájaros. A unos pájaros muy grandes que me salen por la Fuenfría.

   -¿Perdices?

   -No. No son pájaros de comer

   -Que se te de bien.

   -Eso quiero yo. Con Dios, que voy con prisa.

   Y emprende el camino hacia la sierra, hasta internarse en la Fuenfría.

   La Fuenfría Baja pertenece a la familia de los Flores y la Fuenfría Alta que es la que dirige directamente Salvador Becerra, que es por la que Flores Arrocha tiene tanto interés, llamada La Mentirola, de allí es muy conocida las patatas y los habitantes de las poblaciones cercanas iban a la Fuenfría a comprarlas.

   Ya en la casa de su suegro, él le recibe de malísimo talante. A poco de comenzar la conversación, esta sube de tono. Siendo Flores el que más grita, si no se la vende por las buenas será por las malas. Asustada, sale de la casa Anita, una de las hijas de Salvador y cuñada de Flores. Éste se enfurece con el suegro y se echa un paso atrás y levanta la escopeta y al tiempo que apunta, la joven se adelanta para proteger a su padre. Suena el disparo y Anita se desploma en el suelo sin vida. Y Salvador, herido de gravedad, dobla su cuerpo y también cae. Finge estar muerto para engañar a Flores Arrocha. Tras el sonido del disparo acuden algunas personas, y mientras en el lugar de los hechos se lamentan de lo ocurrido, Flores huye buscando refugio seguro en las zonas escarpadas de la sierra que tanto conoce.

   En el pueblo domina el miedo y la sospecha. En los bares se hablaba en voz baja, casi en susurros los comentarios. A partir de los crímenes, tanto en la Fuenfría Alta, propiedad de Salvador y en la Fuenfría Baja, propiedad de la familia Flores, ante el temor de represalias, algunos quedaban en guardia de día y de noche con  la escopeta cargada, esperando al hipotético ofensor. La lucha fría y abierta entre las dos familias era una realidad.

   Entre copas de aguardiente de la Serranía de Ronda, los hombre seguían comentando:

   -La mujer de Flores decía convencida de que su marido mataría a su padre.

   -Yo me calculaba lo que iba a pasar, me encontré con un cabrero de Parauta y me dijo que ayer por la tarde se encontró a Flores Arrocha rondando la Fuenfría con una escopeta al hombro.

   -Yo lo he visto esta mañana a su mujer y no parece que le haya afectado mucho la muerte de su padre, porque la noté contenta.

   -¡Esa es una mujer con malas tripas! ¡Si señor! ¡Eso es lo que s dice tener mala leche!

   -¿Y la Guardia Civil ha dado con alguna pista para encontrar a Flores Arrocha?

   -¡Que va a dar!¡Flores Arrocha conoce la sierra como la palma de su mano!¡No les será fácil dar con él!

   -Y mucho menos con lo que prometió cuando huyó.

   -¿Que dijo?

   -Que volvería para terminar con toda la familia de su mujer.

   -¡Y eso lo hace!-sentenció otro

   La Guardia Civil inicia los preparativos para realizar la persecución de Flores Arrocha, pero como en casos similares, los obstáculos que se encuentran para dar con él son innumerables, dos de ellos son el dominio que tiene Flores sobre el terreno, que tan bien conoce y la otra, la ayuda que recibe de algunos vecinos dando información falsa de donde se encuentra.

   Hay una tradición de hace muchos años de cuando un hombre se echa a la sierra, los pastores del lugar, junto a los familiares que viven en cortijos están bajo su escopeta y si estos no se chivan el bandolero además de respetar sus vidas y sus fincas, las protege.

   Muchos vecinos de Igualeja que antes no podían ni verle, ahora están a su lado. Situación que dificulta las labores de búsqueda de la Guardia Civil, que en un comienzo había designado a cincuenta miembros para apresar a Flores Arrocha en una sierra que él conoce de sobra que abarca desde Ronda hasta los pies de Marbella y Benahavís. Un terreno muy amplio a cubrir, mientras tanto le llegan comentarios en los pueblos de como una vecina del pueblo que un día iba a caballo para subir a un cortijo a la sierra y se encuentra con Flores Arrocha.

   -¿Que hace usted aquí? -le preguntó sorprendida.

   -He sabido -le responde- que la señora iba al cortijo, y como en estos tiempos están pero que muy malamente frecuentados, pues me he dicho: ea, vamos acompañarla, no le vaya a ocurrí algún disgusto.

   Durante el trayecto no fue a su estribo por temor a encontrarse con alguna pareja de la Guardia Civil por el camino, pero él sigue de muy de cerca,, saltando de risco con la agilidad de una cabra montés.

   -De cuando en cuando -continua contando ella- veía brillar el cañón de su escopeta cuando le alcanzaba la luz del sol y me sentía tranquila y segura.

   El desanimo de los guardias es cada vez mayor. Llegan al pueblo los pastores dando la voz de alarma diciendo que han visto a Flores Arrocha en el castañar o en algún camino en concreto y allí que iba la Guardia Civil en urgencia para ponerle los grilletes y después de varias horas de búsqueda sin resultado, eran cuando se dieron cuenta de la falsa alarma siendo el momento en el que el bandolero Flores Arrocha llegaba al pueblo para el aprovisionamiento de víveres y municiones y se ha marchado tranquilamente.

   De vez en cuando la Benemérita oye las voces desafiantes de Flores Arrocha desde lo más alto de un risco. Los guardias intentan atraparlo mediante emboscadas. Pero en los pueblos les conocen y en todo momento saben cuanto son dónde están. Todos los espías, los hombres, mujeres y niños. La única manera de dar con él es por un chivatazo y a esto nadie se atreve.

   Pasan los meses y Flores Arrocha sigue campando a sus anchas sin que puedan dar con él. En varias ocasiones hace frente a la Guardia Civil e intercambian disparos y luego él desaparece sin saber por dónde. El mito empieza a surgir. De la repugnancia por su crimen da paso a la admiración por su valor. No existe día sin que lleguen a Igualeja noticias del bandolero a través de pastores o carboneros.

   -Ayer iba por el Arroyo Negro -comenta uno- Me pidió un chivo para asarlo y me dio dos pesetas.

   -Por las noches, siempre esta al acecho en la Fuenfría. Dicen que lo han visto por esa zona. El suegro esta sentenciado, y lo sabe.

   -Entonces puede darse por muerto.

   Transcurre un año desde el crimen de la Fuenfría en la que falleció Anita y ha tenido poca repercusión en la prensa. Y la presencia de Flores Arrocha en la sierra parece disminuir. Sigue en busca y captura, pero con moderada actividad. Es una sierra tan intricada que no se le da gran importancia a la vida de un hombre. Suponen que es cuestión de tiempo que se le encuentre sin vida para darle entierro y paz. Cuenta más, muchísimo más la gallardía del matador que se salta valeroso la ley y la de imponer la suya frente a un haz de fusiles sin otras armas que su astucia y su escopeta.



Charco Malillo. Se cuenta que bajo el agua había la entrada a una cueva subterránea en la que en ocasiones se escondía Flores Arrocha de las batidas de la Guardia Civil.

   También se cuenta un hecho acontecido y poco conocido, fue en las proximidades del Puerto Capuchino entre el Alcojona y el Abanto, en el que un día descansaba el bandolero acompañado de uno de sus hijos. Había encargado al niño que vigilara y éste se quedó dormido. Motivo por el que no se dieron cuenta de la proximidad de una pareja de la Guardia Civil, dándole tiempo a coger la escopeta y salir corriendo, dejando en el lugar el zurrón con el niño. La pareja de la Guardia Civil formada por el cabo Lanzas y el guardia Corbacho marcharon con el niño. Llegaron a una casa en la parte alta del río Verde, de la familia Agüera. La mujer puso tres tazas de café y el guardia Corbacho le recriminó que pusiera café al hijo de un asesino, a lo que el cabo Lanzas respondió, quien tenía una relación de respeto mutuo con Flores Arrocha, que el niño no era culpable de lo que el padre fuera. Tras el café, retomaron la marcha de regreso subiendo por la empinada cuesta de las Lajas. Mientras tanto, el bandolero que había estado observando, llegó a la casa, tomó una taza de café y entre el Puerto Capuchino y la ladera del Alcojona llegó al camino de La Nava, donde esperó a los guardias y al niño. Tras encañonarlos, les ordenó que le devolvieran el zurrón y dejaran libre al niño, que corriendo marcho a Igualeja. Los despojo de sus armas y les dijo que la depositaría en un lugar del camino para que las recuperasen y les prometió que por él no se iba a conocer esta historia, que si ellos querían contarla, que la contaran, lógicamente no lo hicieron.

   Otro hecho ocurrido poco conocido, ocurrió en el Cortijo de la Cruz, dónde vivía José Domínguez Moreno y sus hijas, Ana y Francisca de ocho y seis años de edad, cocinando habichuelas cuando apareció Flores Arrocha por la puerta, entró en la casa y en la puerta dejó la escopeta y el zurrón en el quicio de la puerta. José le recriminó lo descuidado que era; en ese justo momento pasaban una pareja de la Guardia Civil que, viendo la escopeta y el zurrón, imaginaron que el bandido se encontraba dentro de la vivienda: Dieron el alto, a lo que Flores respondió con un rápido movimiento que le permitió alcanzar la escopeta y encañonar a los civiles que huyeron despavoridos hacia el río, en medio de los disparos.

   Los guardias, que los componía el número Castilla (la R.A.E define al número, en su entrada número 8, al "Individuo sin graduación en la Guardia Civil) y a otro al que llamaban Gorbachón, subieron hacia el cortijo varias horas después. Durante ese transcurso de tiempo Flores ya se había marchado.

   Para que Flores Arrocha llegue a alcanzar un renombre nacional sólo hace falta que se cebe con los de la Fuenfría, y es algo que él ha prometido. La muerte de su cuñada no le satisface porque él iba a por el padre. En sus largas horas de soledad entre los riscos de la sierra envueltos por la gélida niebla, días de sol resplandecientes y al amparo de las estrellas. Su mujer tiene razón: "Todavía no saben quien es Flores". Pronto lo sabrán.

   Es otoño de 1932, la Guardia Civil sigue vigilando, pero todo lo ocurrido esta cayendo en el olvido. Las noticias recibidas son escasas y muy poco se escucha en corralillos y tabernas. Y las que hacen correr carecen de importancia.

   -La mujer de Flores está embarazada. Y dicen que es el marido.

   -¡Claro! Viene de noche.

   Mientras tanto los guardias siguen preguntando a los vecinos por dónde han estado y si han visto a Flores Arrocha. Mientras tanto saben que el bandido es capaz de mandar a toda la familia al camposanto, y es una situación que la Guardia Civil sabe que va a pasar, razón por la cuál en casa de Salvador llevan viviendo más de un año una pareja de la Benemérita.

   El hijo pequeño de Flores, llego corriendo hasta llegar a un chozo en busca de Pedro Cerrerías, sobrino del bandido: 

   -¡Pedro! ¡Pedro! ¡Dice mi padre que subas a la sierra con él y que no te olvides de llevar tu pistola!

   Pedro sentía una gran admiración por su tío Flores Arrocha, se dispuso a ponerse en marcha sin vacilar. La madre le pregunta:

   -Pedro ¿vas a hacer lo que te ha dicho el chico?

   -Claro que sí, madre.

   -¿Y si fuera tú padre el que te lo pidiese, también lo harías?

   -También lo haría, madre.

   La madre lo miró fijamente y le dijo, lo que toda la Fuenfría sabía desde hacía años:

   -Pues ve con Flores, porque Flores no es tu tío; es tu padre.

   Pedro cogió la pistola y marchó hacia la escarpada sierra y en el camino se encontró con Flores Arrocha.

   -¿Estás dispuesto a ayudarme? -le pregunta Flores.

   -Y to´lo que usted ordena -le contestó.

   -Vamos a terminar con esos canallas de una vez. Por su culpa estoy yo perseguido y escondido en la sierra.

   En la fría mañana del 30 de noviembre de 1932, al alba, en la Fuenfría Alta, Salvador y su hijo Juanito, un joven de 16 años, araban con una yunta de mulos en un pequeño barrancal. De acuerdo con las instrucciones de la Guardia Civil debían mantener a corta distancia una escopeta para así defenderse. Encima de ellos, en el cero de la Mesa, en un saliente, dónde crecen abundante jara, encinas y pinos.

   Padre e hijo entretenidos en la faena, el hijo le pregunta al padre:

   -¿Lo dejamos ya, padre?

   -Unas vueltas más-le contesta-. Hay que aprovechar que hoy está alta. ¡Quién sabe el tiempo que hará mañana!

   Siguen callados barriendo la tierra al paso calmado de la yunta. La claridad aumenta.

   -¿Nos vamos ya, padre?-insiste el hijo.

   -Una vuelta más, hijo.

   Atentos a su labor, están a punto de concluir, ajenos al peligro que los espera. Son Flores Arrocha y su hijo Pedro deslizándose por las aulagas para hacer cumplir sus amenazas.

   De pronto, la voz airada del bandolero sale poderosa entre los arbustos:

   -¡Toma! ¡Ríete luego de Flores!...-dice.

   Al tiempo retumban dos disparos. Los pájaros salen asustados de entre los árboles y rasgan el aire con agitado revoleteo. A continuación suena otra descarga. Salvador se desploma sin vida sobre el terreno. Su hijo, que ha quedado herido, grita desesperado:

   -¡Padre! ¡Padre!...

   Y corre a su casa a toda prisa. En aquel preciso momento aparece el sol barriendo la niebla. Bajo su resplandeciente luz continúa la feroz venganza. Pedro realiza varios disparos sobre la yunta de mulos. Las bestias, lanzando unos penetrantes y dolientes relinchos, pugnando inútilmente por romper las ataduras. Unidas como están, doblan sus patas y caen con un sordo estruendo sin sacar las cabezas del yugo. La sangre de Salvador y de las bestias es absorbida por la tierra.

   Flores se adelanta y dispara sobre la fachada de la casa. Josefa, la mujer de Salvador, aparece por la puerta y en sus brazos su hija Isabelita de pocos meses de edad. Agarrado a la falda, Juanito mira a los bandidos con mucho miedo y con la otra mano apretándose la herida del hombro manchada de sangre. Los tres salen llorando por el miedo.

   Flores se vuelve hacia Pedro y lo anima:

   -¡Matémoslos a todos!...¡Que no queden testigos!

   Con ojos desorbitados, con todo su cuerpo temblando, Josefa tiende hacia él su mano huesuda para implorar piedad, mientras con la otra aprieta fuertemente contra su pecho a la niñita. Intenta hablarle, pero las palabras no llegan a salir de su garganta, el pánico se lo impide. Momento que Flores dispara a discreción sobre el indefenso grupo. Juanito, que en el momento del disparo cae al suelo asustado, busca su salvación en la huida. Con la agilidad de sus pocos años no le alcanza los disparos que contra él dirigen los bandidos y se pierde en el pinar.

   Embriagados por la sangre, Francisco y Pedro lanzan gritos de júbilo. Luego, animados por un sadismo de lo más salvaje, se entregan a horribles mutilaciones con el cuerpo de Josefa.

   -¡Déjalo Pedro! -le dice el padre- Dará aviso a la Guardia Civil, vámonos.

   A continuación se le ocurre una macabra idea.

   -Suelta a los cochinos y que hagan el trabajo por nosotros.

   Durante toda la noche los cerdos se cebaron con los cuerpos de Salvador, Josefa, Isabelita y los mulos.

   A la mañana siguiente, la Guardia Civil llega al lugar de los hechos y se encuentra con los huesos ensangrentados de todos ellos.

   Este crimen tan atroz de la Fuenfría produce un gran impacto en toda la Serranía de Ronda. Los vecinos, no sólo de Igualeja, sino de los pueblos cercanos, piden la pronta captura de los asesinos. La Guardia Civil inicia su persecución, pero Flores y Pedro, amparados a lo escarpado del terreno, logran burlarles. Toda la prensa nacional da amplias informaciones de lo sucedido. Algunos periodistas abultan los hechos rodeándolo de sensacionalismo y presentan a Flores Arrocha como una resurrección del bandolero clásico, cuando lo cierto es que esta muy lejos de ello. Sin embargo su nombre suena a todas las horas en las tabernas, en los cafés, casinos y en las barberías de toda Andalucía. En torno a él se intenta tejarse una leyenda. Su andanzas por la sierra esquivando la persecución de numerosas fuerzas son mesurado con admiración en pueblos y cortijos. Se dice que su romance llega a tentar a Federico García Lorca, hasta cuya casa e Granada llegan los sucesos, pero no será el quien lo escriba. Lo hará poco después, con acierto, el poeta malagueño Miguel Pérez Martos. También la actriz cinematográfica Rosa Díaz Gimeno quiere aprovechar la fama del bandolero y anuncia que va a internarse en la Serranía de Ronda para tratar de encontrarse con él y hacer una película sobre su vida.

   Dicha película se realizó en Barcelona en el año 1933, con el título "Sierra de Ronda" y el argumento y la dirección fueron de Florián Rey. Tuvo por intérpretes a Leo de Córdoba, Alfredo Hurtado, Pedro López Lagar y José Calle. Se estrenó simultáneamente en Teatro Alcázar de Madrid y en el Salón Kursaal de Barcelona el 23 de abril de 1934.

   A los diez días del horrible crimen de la Fuenfría, el viernes 9 de diciembre de 1932, circula por Ronda, llevada por no se sabe quién, la sensacional noticia  de que Flores Arrocha y Pedro Cerrerías han encontrado refugio en una casilla de peones camineros del Puerto del Madroño, en el kilómetro 28 de la carretera de Ronda - San Pedro de Alcántara, dispuesto hacerse fuerte vendiendo cara sus vidas. Corre la nueva con toda rapidez y la imaginación popular la rodea al punto de efectos melodramáticos. Se dice que el matrimonio de camineros ha huido antela presencia de los bandidos y que éstos han tomado como rehenes a dos de sus hijos de corta edad. Ronda se angustia ante la suerte que pueda correr las criaturas.

   Inmediatamente se dirigen para el lugar seis parejas de la Guardia Civil y otros tantos vestidos de paisanos y armados. La meteorología se pone en contra de la partida de la Guardia Civil. Hay nieve en abundancia y cae sin cesar una llovizna helada que les azota los rostros y entumece las manos. Avanzan penosamente por el frío. Divisan la casilla y extreman las precauciones. No se escucha ningún ruido ni ven ninguna luz. Paso a paso se van cercando en silencio. De un golpe abren la puerta sin resistencia y penetran a la reducida vivienda. Allí no hay nadie. Inspeccionan los alrededores en un gran radio y, como a unos quinientos metros, uno de los guardias ve saltar a dos bultos entre los árboles. Les da el alto y reciben un disparo como respuesta. Se escuchan voces de "¡Alto!" mezclado con el sonido de los disparos. En pocos segundos el tiroteo se intensifica. La niebla se llena de destellos de los disparos mientras que la sierra se estremece  a los estampidos de estos. Perseguidores y perseguidos se combaten con ardor durante unos interminables minutos. Cada árbol es una trinchera, cada ribazo una fortaleza. Pero la noche es cerrada en nieve y ventisca hace por momentos dificilísimo el acoso. Los bandidos, grandes conocedores del terreno, saben aprovechar las ventajas que les dan dicho conocimiento del terrenos. Amparándose en los peñascos se van alejando de sus perseguidores sin dejar de disparar. Al poco desaparecen por un profundo barranco. Una vez más se queda todo en silencio. Francisco y Pedro han escapado. Al igual que hace un siglo, el bandolerismo ha dejado clavada en la sierra su bandera.

   Cuando los agentes de la Guardia Civil regresan a Ronda pasmado de frío, cansados y de malísimo talante se enteran de que todo aquello de los niños prisioneros y el matrimonio asustado y huido era todo una falsa. Ni siquiera habían estado en la casilla. Fue un cabrero que vio a los bandidos merodeando cerca de ella y de ahí salió todo.

   Esta audaz acción de Flores Arrocha, enfrentándose en la noches con la fuerza pública hace crecer su popularidad y su prestigio entre los gentes del campo. Otros los admiran sólo por temor a la escopeta, y no faltan quienes saben ser ciegos y mudos porque su cartera bien repleta obra milagro de rendir voluntades. Para no ser menos que quienes antecedieron a Flores Arrocha dicen, pues, chitón. Y ponen por obra el prudente refrán de que en boca cerrada no entran moscas.

   Transcurren los días y Flores Arrocha sigue siendo dueño de la sierra, sin que nadie logre alcanzarle. La prensa airea sin cesar su nombre. Las autoridades ordenan a las provincias acabar lo antes posible con aquel anacrónico brote de viejo bandolerismo. La Guardia Civil no descansa en su búsqueda.

El jueves 29 de diciembre, tras un mes de inerte persecución llega a saberse, por un escrito anónimo, que Flores y Pedro se mueven por la zona del Puerto del Robledal, situado a 1.283 metros de altura. El capitán de la compañía de Ronda, don Rodrigo Hernández Gutiérrez, en colaboración con la de Marbella, dispone de todo lo necesario para cercarlos. Moviliza los puestos de Parauta, Cartajima, Igualeja y Benahavís y a la doce de la mañana del viernes 30 de diciembre tiene bajo estrecha vigilancia todos los accesos. Estratégicamente han distribuido las fuerzas sin dejar el menor resquicio para la evasión. Todos llevan guías facilitados por los Ayuntamientos. El mismo día, por la tarde llegan varias parejas más, procedentes de Ronda y Marbella entre una densa niebla a la Sierra Palmitera para reforzar el cerco. Durante toda la noche permanecen en sus puestos.

   Al amanecer del sábado 31 de diciembre la niebla se ha disipado. Con timidez, el sol ilumina la sierra. El cabo del puesto de Parauta, Francisco Lanzas Duplás, llega con un grupo que manda al lugar denominado Majadilla de la Encina, a treinta kilómetros de Málaga, cerca del nacimiento del río Verde. Se encuentra en el lugar la Cueva Pequeña dónde, según un confidente, suelen pernoctar los bandidos. Desde la distancia la observa. Un lugar de fácil defensa. Sólo se puede llegar a él por un camino de herradura que puede dominarse totalmente desde la boca. Si los bandidos están dentro no pueden sospechar que, después de una noche de tan intensa niebla, que nadie haya podido aventurarse por aquellos peligrosos vericuetos en su busca.

   El cabo Lanzas tiende la vista por los alrededores y a los pocos minutos ve correr por un cerro, en dirección a la cueva, a Flores Arrocha y a Pedro Cerrerías. Llevan la escopeta al hombro y el segundo sostiene en la mano un zurrón. Inmediatamente pone sobre aviso a los guardias.

   -¡Muchachos-le dice-, por allí bajan Flores y Pedro Cerrerías!

   Seguidamente les dice que se despojen de los tricornios, pues sus brillos pueden ofrecer un blanco seguro a los bandoleros. Alza la voz dándole el alto y a continuación manda a disparar para impedir que puedan ocultarse y hacerse fuerte entre las quebraduras del terreno. Ellos responden inmediatamente con más disparos. Los bandidos con gran agilidad, avanzan para guarecerse en la cueva sin dejar de replicar con las armas, mientras lanzan a los guardias frases de desafío.

   En medio del tiroteo el cabo Lanzas ve aparecer a un niño de unos siete años. Dando pruebas de un gran valor inconsciente, se mantiene en el sitio de mayor peligro, junto a los atacados. Es el hijo menor de Flores que, obedeciendo a su padre, acude frecuentemente al lugar que éste le señala para llevarles víveres y municiones.

   Sin dudar ordena el alto el fuego. Momento en que aprovecha Flores y Pedro para llegar a la cueva. El pequeño les sigue. Adelantándose el cabo y grita:

   -¿Quién es ese muchacho que os acompaña?

   -Es mi hijo -contesta Flores.

   -No irás a permitir que muera contigo, ¿verdad? -continua el cabo Lanzas, sin aguardar respuesta añade-. Te damos cinco minutos de tregua para que el chico salga de la cueva y se aleje. Luego haremos fuego sin compasión si antes no decides entregarte.

   -¡Eso nunca! ¡Sólo nos cogeréis muerto! Y cuidadito que pienso llevarme a alguno por delante.

   Las voces suenan claras en la gélida mañana. El sol, colándose sus rayos por la ligeras nubes,  no logra deshacer la blancura del rocío que brilla en los arbustos y en el suelo. Por la cercanía en las que se encuentran, los guardianes ven con claridad la entrada de la cueva. El corto plazo señalado por el cabo Lanzas, a todos le parece una eternidad. Ha transcurrido poco más de un minuto cuando Flores sale con su hijo pequeño, con su recia mano en el pequeño hombro. Mira su pequeño rostro durante unos largos segundos, al fin, con voz ronca, le ordena:

   -¡Hijo, márchate!

   El niño, obediente, da unos pasos. Se detiene y se vuelve para con sus pequeños ojos mirar a su padre. Antes de que haga intención de continuar el camino Flores se abalanza sobre él y le estrecha emocionado entre sus brazos. Los guardias presencia inmóviles, con las armas en reposo, la dramática escena. Besa después el chiquillo a su padre y sale corriendo.

   -¡Con Dios... hasta cuando sea! -se despide Flores de su hijo.

   El niño no toma la dirección a Igualeja. Quiere estar allí hasta el final. En una corta carrera gana una altura próxima y en pie, recortada su pequeña figura sobre el cielo gris, se dispone a presenciar lo que inevitablemente ha de ocurrir.

   El bandido, ya alejado de su hijo, da fin a la tregua. Con la escopeta en la cara y en unión con Pedro reanuda el combate con la Guardia Civil. Durante un largo periodo el tiroteo es intensísimo. Saltan ramas y piedras por los impactos de los proyectiles. Flores y Pedro, tenaces y valerosos, no dan muestras de cansancio ni de temor. Los guardias tampoco. El cabo Lanzas comprende la ineficiencia del fuego, que amenaza con terminar con las municiones, pide un voluntario para acercarse a la cueva. Quien se ofrece primero es el Guardia Civil Teodoro López Sánchez, de veintiocho años de edad, soltero y natural de Salamanca. Con la bayeta calada y protegido por algunos de sus compañeros que van tras él, logra avanzar en medio de aquella lluvia de fuego. Poco a poco consigue ir cortando distancia que le separa de la boca de la cueva dónde los dos bandidos están atrincherados. Cuando se encuentra a diez o doce metros, un tiro certero de Flores le alcanza de lleno en la garganta y rueda muerto por la pendiente.

   Los compañeros que le siguen tratan de auxiliarle y, comprueban que se encuentran sin vida, intensifican los disparos. El cabo Lanzas, que desde su posición domina el punto donde está el bandido, decidido de terminar cuanto antes con aquella situación, hace una arriesgada salida. Flores, al verle se dispone a disparar sobre él. El cabo se anticipa y consigue alcanzarle en el hombro derecho, que tenía al descubierto. Al sentirse herido, deja escapar un terrible juramento y, lleno de ira, intenta incorporarse. El guardia aprovecha el momento y le vuelve a disparar y el proyectil le de en el pecho. Flores cae a tierra. El cabo avanza hacia él, pero con un desesperado esfuerzo el bandolero consigue recoger su escopeta. Aún estando herido de gravedad, tiene fuerza para levantar el cañón. El Guardia Civil Antonio Jiménez, que no le pierde ojo, avisa a su compañero:

   -¡Cuidado cabo!

   Pero éste no se encuentra desprevenido. Dispara por tercera vez sobre el bandido a muy corta distancia. Cae Flores Arrocha y rueda por la pendiente sin soltar el arma. Queda muerto boca abajo, junto a un arroyo cuyas aguas van tiñéndose poco a poco de rojo.

   Su hijo, que ha presenciado impasible le terrible lucha, desaparece de la altura donde se encontraba.

   Pedro Cerrerías sigue disparando contra los guardias durante unos instantes. Consigue herir en una mano al Guardia Civil Félix Ochaiza Pérez, perteneciente al Tercio Móvil. Luego huye envuelto por la niebla, que comienza a invadir rápidamente la Majadilla de la Encina. El Guardia Civil Luis Ramos García trato de perseguirle y sufre una aparatosa caída y se produce varias contusiones. Todo hace suponer de que Pedro va herido. Los guardias sigue su rastro y este supuesto se confirma porque, a no mucha distancia, se encuentra su gorra llena de sangre, con cabellos adheridos. En esa búsqueda encuentra al hijo de Flores escondido entre la maleza, llorando desconsoladamente. A la pregunta de los guardias dice que Pedro se ha marchado no sabe dónde después de lavarse las heridas en un arroyo.

   También le informa que llevó a su padre setenta cartuchos. Como en los bolsillos del cadáver había solo ocho, Flores disparó casi en la batalla del Puerto del Robredal sesenta y dos, lo que da idea de la intensidad del tiroteo.

   Mientras varias parejas continúan la persecución de Pedro Correrías, pese a lo cerrado de la niebla, el cabo Francisco Lanzas envía a otra pareja a dar cuenta de lo sucedido a sus superiores. Dicha pareja también lleva al hijo pequeño del bandido con orden de entregarlo a sus tíos en la Fuenfría.

   Al mediodía llega el juez para proceder al levantamiento de los cadáveres. Lo componen el Teniente Coronel don Gerardo Conde, en funciones de juez instructor, don Mariano Gómez, juez de Instrucción de Marbella, los médicos don Félix Cea y don Adolfo Lina y el secretario don José Cervillo. En dos mulos son conducidos los cuerpos a Marbella, pues en cuando todas las diligencias han sido hechas en Ronda, los últimos hechos han acaecido en el término de Benahavís.


PARADA DE REGRESO A MARBELLA CON EL CUERPO DE FRANCISCO FLORES ARROCHA Y SU ESCOPETA SOBRE UN MULO.


   La partida de defunción de Francisco Flores Arrocha dice así:

   En Marbella, provincia de Málaga, a las doce y quince minutos del día primero de enero de mil novecientos treinta y tres, ante don Antonio Romero, juez municipal, y don Antonio Carrasco Sánchez, secretario, se procede a inscribir la defunción de Francisco Flores Arrocha, de cuarenta años, domiciliado en Igualeja y de estado casado, falleció en el lugar llamado Arroyo Hondo, del término de Benahavís, el día treinta y uno de diciembre pasado, a las siete, a consecuencia de herida en la región temporal producida por arma de fuego, según resulta de la orden de la superioridad y reconocimiento practicado, y su cadáver habrá de recibir sepultura en el Cementerio de esta Ciudad. Esta inscripción se practica en virtud de orden del Sr. Juez de Instrucción de este Partido, habiéndola presenciado como testigos D. Manuel Cantos Lima y D. Luis Suárez Nieto, mayores de edad y vecinos de esta Ciudad. Leída este acta se sella con el del Juzgado y la firman el Sr. Juez y los testigos de que certifico.-Antonio Romero.-Manuel Cantos.-Luis Suárez.-A. Carrasco.

   Al margen de la expresada acta aparece la siguiente nota:

   Como ampliación se consigna de orden de la superioridad que Francisco Flores Arrocha es de treinta y seis años, hijo de Pedro y María, natural y vecino de Igualeja, Casado con María Gil Gonzáles, de cuyo matrimonio deja cinco hijos llamados Pedro, Francisco, Antonio, Isabel y María. Marbella, 4 de enero de 1933.- El Juez Municipal: Antoni Romero. El Secretario: A. Carrasco

Registro Civil de Marbella. Sección 3ª. Tomo 76. Folio 173 vuelto.


   Así terminó Francisco Flores Arrocha, como él había elegido: morir matando.

   Y como normalmente ocurría con estos casos, la excesiva imaginación de las personas sencillas vieron en él, no al autor de los horribles crímenes acaecidos en la Fuenfría Alta, sino a la figura gallarda del bandolero tradicional, generoso, valiente, atractivo y, por supuesto, invencible.

   Tan invencible, que tras conocerse la muerte a manos de la Guardia Civil no creyeron que fuese Flores Arrocha. En Igualeja y en los pueblos vecinos circulaba la noticia que el muerto del Arroyo Hondo era un pobre pastor, padre de seis hijos y que solía andar por aquella zona. Aseguraban con toda certeza que Flores Arrocha había escapado y que para capturarlo en una sierra tan bien conocida por él "hubieran hecho falta un regimiento y lo menos cincuenta aeroplanos".

   Tan verídica historia tiene un inesperado colofón. Un telegrama de prensa fechado en Ronda el 30 de enero de 1933, un mes después de la muerte de Flores Arrocha. Telegrama que fue publicado en bastantes periódicos.

   Dice así:

   El sobrino de Flores Arrocha, que huyó herido el mismo día de la muerte de su tío, parece haber dicho que le vengaría exterminando a toda la familia de los Becerra. La Guardia Civil le persigue sin descanso.

   Hoy José Becerra "el Pinacho" salió de Igualeja en dirección a la Fuenfría acompañado de su esposa y una hija de corta edad, las dos montadas en una yegua. El iba agarrado a la cola. Al llegar al kilómetro 22 de la carretera de San Pedro, oyó una voz que decía: "¡Ya caíste!". Inmediatamente sonaron varios disparos que partían de una corraliza próxima. José resultó con tres heridas en el brazo derecho, cintura y codo. El herido volvió rápidamente la caballería y marchó a todo galope a Igualeja, mientras Pedro, el sobrino o el hijo del bandido, seguía disparando sobre él y su familia, sin que afortunadamente hiciera blanco.

   Al ruido de los disparos acudió la Guardia Civil, y mientras varias personas conducían al herido para ser atendido, los guardias salieron en persecución de Pedro, sin que hasta el momento lo hayan encontrado.

   Pedro había jurado matar a "el Pinacho", por creer que fue él quien denunció  a la Guardia Civil el lugar donde se encontraba Flores Arrocha.

El día 3 de febrero del mismo año, también llegaron a publicar en los periódicos, lo siguiente:

   En un autobús marcharon a la Serranía de Ronda veinticinco guardias civiles de la comandancia de Málaga para cooperar a la captura de Pedro Cerrerías, sobrino de Flores Arrocha.

   El día 18 del mismo mes hubo otro tiroteo  con la Guardia Civil en el Puerto del Robledal y en el mes de marzo, ya muerto "Pasos Largos", seguía en busca y captura.


BIBIOGRAFÍA:

-FLORES DOMÍNGUEZ, RAFAEL. RODRÍGUEZ GONZÁLEZ, ANDRÉS. "Sierra de las Nieves. Guía del excursionista". 3ª Edición. Editorial LA SERRANÍA. Ronda, Málaga. 2008

-GARCÍA CIGÜENZA, ISIDRO. "Bandoleros en la Serranía de Ronda". Primera edición en la Editorial La Serranía: mayo de 2008. Ronda, Málaga. 2008.

-HERNÁNDEZ GIRBAL, FLORENTINO. "Bandidos Celebres Españoles. En la historia y en la leyenda. Segunda y última serie. Ediciones LIRA, Madrid. 1973.

-PÉREZ REGORDÁN, MANUEL. "El Bandolerismo Andaluz". Herederos de Manuel Pérez Regordán. Librería Raimundo, Cádiz. 2019. 

domingo, 4 de febrero de 2024

TRAVESÍA DE SIERRA ORTEGÍCAR

 Hay algo, en la austera presencia del paisaje español que hiere el alma con un sentimiento cercano a lo sublime.

Washington Irving (1783-1859)

LOCALIDAD DE REFERENCIA: Serrato y la pedanía Huertas y Montes

ENTORNO: Sierra de Ortegícar

TRAZADO: Lineal

DISTANCIA: 15 km

DIFICULTAD: Alta

DURACIÓN: 8 horas y 20 minutos, puede variar según paradas y marcha del grupo.

ALTURA MÁXIMA: 971 m

ALTURA MÍNIMA: 392 m

DESNIVEL POSITIVO: 803 m

DESNIVEL NEGATIVO: 996 m

En la jornada del 3 de febrero del año 2024 tuve el privilegio de hacer la función de guía junto con el gran compañero de ruta y mejor persona Juan Antonio Mena para la Asosiación Senderista Pasos Largos. Una travesía exigente en la que la gran parte del recorrido es por veredas y campo a través.

 La Sierra Ortégicar es una de esas sierras que queda relativamente cerca de una carretera tan transitada como lo es la que va de Ardales a Ronda, y que de hecho nos llama la atención con sus profundos cañones, siendo precisamente "La Chimenea del Titán" por donde se realizará una espectacular ascensión donde disfrutarán muchísimo todos los amantes de la montaña y técnicamente sencilla mas allá de una cuerda de fortuna y un échame aquí una mano, para quien pueda necesitar ayuda. Arriba nos espera un torcalillo misterioso con figuras tan curiosas como "La Tortuga", su modesta cumbre a cuyo vértice geodésico accedemos en una ascensión en forma de escalera de caracol también es muy curiosa, por no hablar del impresionante Mirador natural del Tajo del Escribano, las cercanas ruinas de época íbera y que desde gran parte de su meseta superior, podremos divisar unas vistas privilegiadas de un gran número de sierras malagueñas y hasta cinco techos provinciales: Torrecilla al S-O, Torreón (Cádiz) al Oeste, Terril y Peñón de Algámitas (Sevilla) al Norte, P. Nat. de las Sierras Subbéticas con la Tiñosa (Córdoba) al N-O, las blancas cumbres de Sierra Nevada al Este y La Maroma al S-E.

Para llegar al inicio de ruta hay que la carretera A-367 que une Ronda con Cuevas del Becerro y de hay a Teba, Campillos y Ardales. En el kilómetro 24 nos encontramos con el cruce que nos lleva a Serrato y justo antes de llegar a Serrato a nuestra izquierda nos sale la carretera MA-5400 que une la localidades de Serrato y El Burgo, vamos dirección a El Burgo y una vez recorrido 2,4 km giramos por una pista forestal, nos sirve de referencia que a la altura que abandonamos la carretera a nuestra izquierda, a la derecha hay una entrada a una finca franqueadas por dos grandes columnas y una puerta de forja. Una vez dentro por la pista continuamos y al poco nos encontramos con una bifurcación, tomamos la de la izquierda en bajada, después nos encontramos con otro cruce y hay se puede aparcar y comenzar la ruta.
Empezamos a caminar para visitar los restos de un dolmen. Lo mejor es caminar junto al arroyo y los pinos hasta llegar a una pista, por causa ajena a mi voluntad tuve que que cambiar ligeramente el comienzo y caminamos más por arriba y pasando cerca del Cortijo de Los Rompedizos hasta llegar a una pista, la cruzamos y volvemos a llegar a dicha pista más abajo, esta pista separa un bosque de pinos de repoblación de un campo arado. En la parte baja de la zona arada hay un montículo sin arar y en su parte superior se encuentra el dolmen. 


CORTIJO DE LOS ROMPEDIZOS

DOLMEN

CASTILLO DE ORTEGÍCAR


CASTILLO DE ORTEGÍCAR

Hoy en día es de titularidad privada.
Retomamos la marcha por la pista hasta llegar a la "Chimenea del Titán" para llegar a la meseta superior protegida por una cresta natural.






Serrato y al fondo Cuevas del Becerro desde la Meseta de Ortegícar.


Reinaldo contemplando el paisaje.


CAÑETE LA REAL


ARDALES


Mirando al sureste se encuentre el Tajo del Escribano, dominando la Campiña de Ardales, se encuentra las ruinas de unos antiguos muros en un lugar llamado Abrigo de la Campana, hallándose restos de varios habitáculos adosados en perpendicular a los pies del mismo barranco, siendo de apariencia idéntica a las de los habitáculos adosados al barranco sur de Bobastro. Se puede observar varios escalones tallado en la roca y un hueco para el gozne del eje de la puerta. Se deleita una privilegiada situación en una apartada comarca malagueña de fértiles valles y montañas ganaderas al igual que sus vecinos Bobastro y la Serranía de Ronda, donde la vida campesina seguía girando a laboriosas alquería esparcidas por el campo, que continuaron su proceso de ir mejorando en bienes de cara a una vida más holgada. Sólo en contadas ocasiones se veían soldados yendo, viniendo o huyendo durante el desmoronamiento del califato de Córdoba entre los años 1009 a 1031.


Fue uno de los testigos mudos de las actuaciones de Kabbád ibn Tamit, que tras la muerte del taifa Bádis, un bereber de la tribu sinháya, se hizo gobernador y "señor" de Archidona y Antaquera y se dedico a recorrer la comarca como un autentico bandolero saqueando todos los bienes de sus habitantes.
En la zona de Ortegícar, como el resto de la comarca, la disponibilidades agrícolas no eran en absoluto ínfimas, sufrían los robos de Kabbád. En esa época, quienes vivían y trabajaban en dicha zona eran los de la 5ª y 6ª generación de los descendientes de los rebeldes del territorio de Bobastro. Ante los robos de Kabbád, el nuevo y joven señor de Granada, 'Abd Alláh en cuya taifa se incluían Arghidona y Antequera, lo destituyó; y Kabbád, como respuesta, se alió con el taifa de Sevilla.
Una sierra que estuvo ligada a la ciudad de Bobastro, proporcionando cantidad de víveres de tierras tan fértiles.


Para llegar ha este punto bajamos por el "Canuto del Escribano" y volvemos a subir a la meseta por una vereda que sale desde el mismo lugar que se encuentra los restos. Tras una breve subida llegamos al otro extremo de la meseta dónde se encuentra otro bosque de pinos repoblados que cruzamos y tomamos dirección del Cancho de Enmedio y de hay a los pies de Sierra de Las Utreras que bajamos hasta el arroyo y después coger la última subida y de hay recorremos el tramo final que nos lleva hasta la Cueva Horá y de hay a la pedanía Huerta y Montes.





Última subida de la ruta.


Curiosa formación rocosa antes de llegar a la Cueva Horá.

CUEVA HORÁ

TORRE VIGÍA 

Torre vigía que se encuentra en frente del Mesón de Diego (antigua Venta Verita), torre bastante deteriorada.


Bibliografía:
-Ortiz Lozano, Francisco. "Bobastro. La ciudad de la perdición. Gloria y refugio de la cristiandad. Edición del autor. Marzo de 2010, Ardales, Málaga.

-Ortiz Lozano, Francisco. "Historia medieval de la tierra de Málaga. Musulmanes y Cristianos en el Valle de Ardales". Historia del valle de Ardales - III: Baja Edad Media. Olibros - Edición del autor. Noviembre de 2012, Ardales, Málaga.

Track:
https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/serrato-sierra-ortegicar-dolmenes-de-ortegicar-vertise-geodesico-chozas-mozarabes-tajo-del-escriban-160359394